RONALD MELZER

Ideas peregrinas

  • Texto: Miguel Blanco y Juan Andrés Belo
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  • Fotos: Nicolás Pereyra
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  • Video:Santiago Olivera
  • Nombre: Ronald Melzer (1956-2013).
  • Profesión: Analista de cine, videoclubista (Video Imagen Club), distribuidor, productor (Buen Cine).
  • Filmografía: Catálogo Buen Cine Producciones.
  • Referentes: Según estas pocas líneas, Alfred Hitchcock.
  • Proyectos:

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Esta charla ocurrió en el mes de marzo. Unos días después el grabador que contenía la entrevista completa se perdió en un robo. Ronald Melzer se lo tomó con humor, en un mail titulado «solidaridad y castigo», escribió: «Indignante. Cuenta con mi total solidaridad. Pero como hay, pese a todo, justicia, confía en que los rateros sufran el peor de los castigos. Mirá si se les da por escuchar la grabación de mi reportaje….¡Mucho peor que la cadena perpetua! Incluso peor que escuchar a Bonomi…» La charla no pudo repetirse, sin embargo al desgrabar el material que quedó filmado, creímos que la enorme lucidez de las reflexiones que sobrevivieron merecía ser compartida, por su valor, y como una muestra de agradecimiento a Ronny, que formó a buena parte del equipo de Guía 5o, y apoyó el proyecto desde el primer momento. Esta nota es una especie de homenaje cojo a él y al Video Imagen, porque fue atrás de su mostrador que una tarde nació esta idea.

—Sobre la incidencia que te parece que han tenido en la actividad cinematográfica los centros de estudio, ¿qué te parece que le han aportado o pueden aportar?

—¿Cuánto tiempo tengo para responder? A ver, primero la respuesta más breve: es un mal necesario. Cuando digo que es un mal es un mal, cuando digo que es necesario es porque es necesario. En realidad lo que hacen las escuelas de cine es reunir a un montón de personas con una experiencia acumulada que vuelca de la mejor manera que cada uno puede a  estudiantes jóvenes con muchas ganas de entrar en esto, más otro grupo de personas que no tiene mucha experiencia pero puede aportar en lo teórico, más un montón de gente que no puede aportar nada pero igual lo intenta. Eso genera mezcolanzas de todo tipo, a ver: hay escuelas que han sido buenas en determinados momentos, que volvieron a serlo o más o menos, otras que nunca fueron muy buenas pero sirven para que los estudiantes adquieran práctica y aprendan a ver cine, o no. También se ha formado a mucha gente con esquemas, con objetivos poco claros, con grandes enredos; el personal que da clases no es siempre el mejor. Pero, si por otro lado tenemos en cuenta que 25 Watts, una película fundadora del cine uruguayo…Yo tengo una teoría que es bastante demostrable que es que a partir de 25 Watts (Pablo Stoll, Juan Pablo Rebella) y de En la puta vida (Beatriz Flores Silva), dos películas estrenadas el mismo año, en 2001 y con 15 días de diferencia entre sí, se empieza a hablar de cine uruguayo: hasta ese momento se hablaba de películas uruguayas. El 2001 es el comienzo del cine. Bueno, 25 Watts se hace con cuatro muchachos que se conocen y se hacen amigos en un lugar de formación; hicieron todo lo contrario de lo que enseñan ahí, pero demuestra que las escuelas son un gran centro de reunión. Por otra parte En la puta vida fue hecha por Beatriz Flores Silva que un tiempo antes dirigía la ECU (Escuela de Cine del Uruguay) y era profesora. Entonces, es necesario que existan pero que sean causa de influencia estética o artística yo diría que afortunadamente no mucha ¿Por qué? Porque también es cierto que, primero: los realizadores, técnicos y críticos más talentosos no necesariamente salen de las clases y muchas veces  aunque sepan tampoco participan de esto. Es muy difícil decir sirve o no sirve, es un mal inevitable, ¿se entiende?

—Es paradójico que menciones a 25 Watts en relación a este tema porque estábamos hablando de formación y tenemos entendido que la gente de Control Z era socia de tu video desde que eran chicos, ¿qué lugar crees que ocupa tu video como centro de formación?

—Para mucha gente este video fue muy importante, como Cinemateca Uruguaya fue muy importante para mucha gente, y en su momento productoras como CEMA e Imágenes, fundadas luego de la dictadura, tuvieron un rol importante. Hubo varias formas de propagar el cine. En el caso del Video Imagen Club (VIC), me fui dando cuenta después de que puse este negocio de que podía cumplir un rol importante, primero por un tema de darle acceso a la gente a películas más o menos importantes, más o menos interesantes, que en aquel momento eran difíciles de encontrar. Segundo, también creo que hay un pequeño granito de arena mío y de otra gente que colaboró conmigo como ustedes dos, en ayudar a sistematizar un poquito esto, a orientar.

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—A contextualizar la elección de las películas…

—Exactamente, a explicar que el cine no empezó con Tarantino o antes, el cine no empezó con Blade Runner, empezó mucho antes. No te digo que vean a Méliès, ni siquiera a Griffith pero por lo menos películas de los ‘30, ‘40, ‘50. Siempre tuve esa idea peregrina pero creo que plausible, de que si yo fuera director de una escuela de cine lo que haría es los primeros seis meses agarrar a todos los alumnos y ponerles las películas de Hitchcock; 30 ó 40 películas, «vean esto, ¿lo entendieron?» Que aprendan lenguaje, que aprendan cómo trasladar lo que se piensa a lo que otros van a ver y oír. Hitchcock es insuperable y creo que va a ser siempre insuperable porque no conozco otro director que tenga tanta capacidad para ser fiel a trasladar en lo que está filmando lo que imaginó él u otra persona.

Ese  tipo es un maestro absoluto. Lamentablemente uno piensa que, y no solamente en Uruguay, vieron mal a Hitchcock, o apurados, o no lo entendieron. Los que estudian cine o les gusta el cine siempre  me encargué de que lo vieran y no necesariamente Vértigo o Intriga internacional, las menos buenas también. Hubiera cumplido un rol importante sobre todo para darse cuenta de que el cine es comunicación pero no solamente entre el realizador de la película y los espectadores, es comunicación de la gente que habla con otra gente sobre el lenguaje cinematográfico, o lo que hacemos nosotros mismos: intercambiar mucho más del me gustó o no me gustó que cada vez me interesa menos.

—El video club ha fomentado una interacción con…

—Y lo sigue haciendo. Ustedes dos antes de trabajar acá fueron clientes. El camarógrafo también.

—Queremos saber si la decisión de poner este video fue una búsqueda o se dio naturalmente por tu formación.

—No. Al principio quería traer algunas películas, si era posible. En aquel momento yo escribía de cine, siempre me consideré crítico de cine, bueno, no sé si crítico, prefiero analista, crítico suena un poco rimbombante, a mí me gusta analizar. Entonces tenía algunas películas y quería buscar a ese público más exigente, más analítico o más capaz de contextualizar, más abierto, más sensible. En ese momento no pensaba en abrir una escuela de cine por una razón obvia, que es que no había cine todavía. Igual, por ejemplo Cinemateca estaba formando gente. Al principio vino mucha gente mayor pero de a poco se empezó a acercar mucha gente joven.

—Sobre la formación de espectadores y la formación de profesionales, ¿pensás que podría ser más útil en las escuelas de formación ser más riguroso en la enseñanza de los aspectos técnicos?, teniendo en cuenta que lo otro es mucho es más difícil de enseñar, si se puede enseñar ¿Y qué pasa con la formación del espectador, que va quedando relegada a espacios como Cinemateca o el VIC?

—Son dos preguntas en una. Sobre las escuelas que tienden a formar profesionales, esas que se especializan más en cabezas de áreas -como montajistas, suponiendo que se pueda formar montajistas, no estoy muy seguro-, me parece que hay espacio para las dos cosas. No me parece mal que se forme técnicos, me parece bien que se forme actores, por ejemplo. Ahora, supongo y estoy bastante seguro, que para formar buenos realizadores e incluso te diría buenos productores, sería imprescindible una formación general. Aunque la historia del cine en el fondo miente porque generalmente los que hacían las grandes películas era gente que sabía bastante poco. Porque el talento no se aprende, lo que se aprende es el oficio, de todas formas al talento hay que  motivarlo, hay que apañarlo y hay que darle un contexto para que se desarrolle, y en ese sentido a mí me gusta más la formación general. Me parece bastante obvio, pero una universidad de cine tendría que tratar de enseñar o tratar de generar la inquietud en los futuros cineastas sobre la historia del cine, de las artes, sobre ciertos contextos históricos, industriales: que sepan cómo se mueve el mundo;  que sea generalista.

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Algo que sí he aprendido con el tiempo es que el cine de verdad, es decir el que se hace, es muy distinto en varios aspectos al cine que yo creí que se hacía cuando era solamente crítico, porque la crítica de cine te da una parte no más, y hay otras cosas. Yo me junto mucho con mis amigos críticos (suponiendo que tenga amigos críticos, es más suponiendo que tenga amigos) y yo les digo, «pero ustedes hay cosas que dan por supuesto y es todo lo contrario». Hay mil cuentos, por ejemplo Homero Alsina Thevenet cuando le atribuía a los franceses ese error de que ellos se atribuían que eran los que hacían las películas. El error de Alsina era partir de la base de que los críticos y realizadores franceses de Cahiers du Cinéma y compañía, habían escrito y suponían que el director era el único que hacía la película, cosa que ningún crítico francés y ningún realizador francés dijo, pero no importa, él lo entendió así. Pero eso le sirvió para decir, «compañeros críticos, ustedes que le atribuyen todas las cosas de las películas a John Ford o a Howard Hawks están equivocados o son unos tarados porque no es así.»

El otro día en una conversación con Pablo Stoll, un tipo que es de esos realizadores que sabe mucho de cine, que tiene esa capacidad de absorber cantidad de información y de pensamiento, él me decía porque lo vivió, que a veces una decisión de un asistente de montaje de sonido te cambia una película; una decisión de ese tipo, entre comillas banal, te cambia la película. En fin, les ruego a los realizadores futuros que aprendan a conocer el contexto, todo lo que se mueve alrededor del cine, sobre todo por las exigencias que hay hoy.

—¿Y la formación de espectadores?

—Esa es una gran cuenta pendiente que hay no sólo en Uruguay, y que es bien complicado porque hay una gran creencia por parte de la gente de que el cine es eso que van a ver a la sala de cine, que suelen ser producciones de Hollywood. Es una idea muy parcial y muy banalizada y muy equivocada de lo que es el cine. Pero yo te diría que en Uruguay y en la mayoría de los países del mundo, o diría en todo el mundo pero en Francia un poco menos, hay problemas con los espectadores de cine, con los espectadores de teatro, con los lectores: hay problemas con la gente.

—Tal vez por eso que decís de la visión parcializada es que el cine es un arte sobre el que la gente suele ser muy arriesgada en opinar, en decir «esto es bueno o esto es malo».

—Yo no estoy de acuerdo contigo, me pasa exactamente lo mismo que me pasa con el humor. Todo el mundo opina sobre Tinelli, todo el mundo opina si la enana que baila con Piquín baila bien o baila mal. Todo el mundo tiene derecho de opinar. Es parte del asunto, internet lo que hizo fue potenciarlo. Yo estoy de acuerdo con los blogs de opinión, de ahí han salido ideas interesantes, ahora, es mi derecho leer o no esas palabras.

—En el caso de Uruguay, lugares de formación de espectadores como Cinemateca y los video clubs suelen estar en crisis, ¿cómo ves la viabilidad económica de tu video hoy en día?

—Y somos unos sobrevivientes, mientras podamos seguir tirando seguiremos tirando. Mientras yo esté en condiciones físicas y emocionales  intentaré mantenerlo pero tenemos una cantidad de competencia de ofertas de muchos tipos que hace que asumamos que este es un negocio que tiende a desaparecer. Hay muchas actividades gratis y otras no, otras legales y otras no. Si Dios quiere este será uno de los pocos que resista un tiempo más. Digo la famosa frase, «imprescindible no hay nada». Teniendo en cuenta la cantidad de formas que hay ahora de ver películas, esta es una más de ellas.

—Considerás que hay que buscarle alguna vuelta al video, ¿de ofrecer algo mas? Centro cultural quizás suene a mucho…

—Sí, algo de eso estamos haciendo. No es fácil, eso requiere dinero, exige mucha energía, mucha imaginación. Yo siempre busco la vuelta y parece sencillo pensar en las vueltas que hay porque hay varias, pero la realidad a veces es muy cruel, porque vos pensás que mucha gente te va a acompañar y por ahí no es así, o es así al principio y después deja de funcionar. No te olvides que el mundo ha cambiado mucho, la comunicación audiovisual es otra, el crecimiento de la oferta de imágenes y sonidos ordenados de tal manera que pueden llegar a ser considerados películas tiene un crecimiento exponencial. Eso es una realidad; ahora hay que buscarle la vuelta pero no es sencillo.

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—¿Crees que como distribuidor tenés el mismo razonamiento que aplicás a la función del video club?

—Esta puede ser una declaración que capaz que contesta alguna pregunta más que ustedes tengan ahí. Y esta es una valoración de algunas cosas que empecé a hacer en los años ’80, cuando empecé a escribir artículos sobre televisión y sobre cine. Después me di cuenta que lo que yo realmente quería hacer era compartir con los demás, con esas personas que quisieran sumarse, una serie de gustos, de descubrimientos, de apetencias. Eso fue lo que siempre quise hacer cuando escribía: compartir gustos y también disgustos, conocimientos o desconocimientos, información o falta de información, inquietudes o cosas que iba descartando. Yo lo que quería era compartir, creo que en ese sentido todo aquel que escribe algo está pensando en el otro y en compartir lo que piensa, lo que imaginó con otro. El que escribe una crítica o un ensayo está reflejando cosas que están ocurriendo independientemente de su voluntad, eso fue lo que quise hacer. Después me di cuenta que todo lo que hice simultáneamente, porque nunca dejé de escribir, fue fundar una distribuidora de VHS, escribir unos libritos o parte, convertirme en distribuidor y editor de películas uruguayas en DVD, distribuir películas extrajeras en DVD, distribuir películas uruguayas en cine, distribuir películas extranjeras en cine, y ahora también coproducir, o ayudar a producir o producir alguna película uruguaya o alguna extranjera. Todo para mí es hacer que ciertas cosas pasen. Cuando uno escribe, ¿qué es? Hacer que lo que uno escribe se reflexione, se piense, se analice y después de eso, el siguiente paso si querés relacionarlo con el anterior, hacer que ciertas cosas sean posibles y por eso puse la distribuidora, por eso puse el video club, para eso me convertí sin quererlo en un productor, que lo que hace eso eso: hacer que las cosas sucedan.

En vez de hacer como hicieron lamentablemente algunos uruguayos en los años ’50, ’60, ’70, en plena dictadura, eso de quejarse «uh, no podemos hacer nada», no: hacer. Las cosas han cambiado muchísimo, hay un gobierno hoy mucho más accesible a esas cosas, hay muchísimas razones para esos cambios, pero para mí siempre hubo una absoluta continuidad y coherencia en las cosas que he hecho, muchas de las cuales, la mayoría, las he hecho muy mal, pero ese es otro problema. No sé si contesté la pregunta…

—¿Cuáles fueron los aciertos y errores de poner una sala de cine de películas uruguayas como la Sala Libertad? ¿Crees que tiene que ver con la viabilidad del espacio cine hoy en día?

—Bien. Aciertos y errores de haber puesto una sala de cine uruguayo. Aciertos te diría que lo único es haber sacado un poco la modorra, fue un pequeñísimo impulso más para el cine uruguayo y fue demostrar que aún con muchísimos problemas se podía hacer algo, que había un espacio ahí que está disponible para hacer cosas que a mí me parecen muy útiles para la sociedad. Fue llamar la atención, decir «bueno esto tiene tantos problemas que por acá hay una posibilidad»…

¿Por qué fracasó eso? ¡Por mí fracasó eso! Primero, no servía el lugar, no servía la sala, no había películas suficientes para llamar la atención por sí solas, nosotros no teníamos ni capital ni equipamiento ni infraestructura, ni gente. No había manera. Además hacer eso hoy en el Centro de Montevideo era un suicidio. Y una de las tantas cosas en las que me equivoqué fue en creer que iba a tener más apoyo del Instituto de Cine, del Miniserio de Cultura, pero ellos se dieron cuenta de que esto realmente no podía funcionar en aquel momento y en esas circunstancias; que no quiere decir que no puedan funcionar otras cosas que se están empezando a hacer y me parecen muy bien y yo apoyo.

—¿Qué cosas?

—Bueno, las redes de salas digitales por ejemplo. Ese tipo de iniciativa con más infraestructura, presupuesto, más formación, más conocimiento, más apoyo, seguramente puedan ser exitosas o por lo menos tengan una incidencia importante en la sociedad. A nosotros nos fue bien en la Sala Libertad con una sola película, El círculo (Aldo Garay, José Pedro Charlo, 2008), que fue un buen lanzamiento, con otras nos fue más o menos y otras fueron un fracaso, esa es la verdad.

—¿Qué perspectivas y posibilidades hacia el futuro tiene para vos la sala de cine como espacio para ver películas?

—La sala de cine como espacio para ver películas fue muy mayoritariamente defenestrada y con fecha de caducidad certera en la década de los ’90. En ese momento mucha gente opinó, y con fundamento, que en 10 años no iba a haber más proyecciones. Los multicines surgen como una especie de respuesta a eso, de decir «bueno, esta es la última alternativa.» Pero surgieron y han surgido un montón de cosas más; siempre surgen. Lo que sí está ocurriendo y sabemos que va a ocurrir es que la exhibición… A mí no me gusta hablar de salas de cine, me gusta hablar de exhibición pública porque me parece que acá el concepto importante es ese. Exhibición pública yo le llamo a un lugar determinado que convoca gente que voluntariamente, y haciendo un cierto sacrificio en parte económico en parte de tiempo, se junta con otra gente para ver una película. Eso es lo que está mutando, se está dando de otra manera. Yo creo que por un buen tiempo van a a seguir habiendo algunas pocas películas que convoquen multitudes y van a ver otras muchas películas que van a convocar a pequeños grupos de personas interesadas en compartir experiencias que van a buscar algo parecido en un lugar público. Ta. Eso es lo que creo que va a ocurrir. Yo por ahora considero imprescindible para que el cine siga funcionando como tal las exhibiciones públicas. La experiencia de ver películas por televisión o computadora es una experiencia perfectamente válida pero responde a otro código; la experiencia colectiva es necesaria para el cine tal como lo concebimos nosotros.

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—¿Cómo es la concepción?

—Una obra que cuando llega al espectador está terminada. Porque el tema es así: ¿cuál es el gran cambio que va a producir esta revolución tecnológica que estamos viviendo? Que todo apunta a que la experiencia individual de ver la  película en tu celular o computadora es que vos puedas modificar lo que estás viendo, alterar el final, etc. Eso es otra cosa, no es cine, es perfectamente válido pero es otra  cosa. Todo tiende a eso, y es inevitable que llegue.

—Pero suponiendo que las televisiones evolucionen, como está pasando, y ves la película terminada, ¿por qué no crees que tenga la misma validez?

—La diferencia es la forma de acceso. El cine exige al espectador un esfuerzo, no así cuando lo ves en tu casa, incluso cuando pagás; en el fondo sí, hay un pequeño esfuerzo, pero es distinto: la elección. Cuando uno va al cine a ver determinada película, incluso cuando va a un complejo,  está eligiendo, está poniendo algo de sí para ver lo que quiere y sabe que va a estar dos horas viendo solo eso. Cuando uno está en su casa, aunque haya pagado la película por internet, siempre está la opción de cambiar.

—Te pregunto: si uno se coloca en las condiciones ideales de ver esa película, ¿por qué le juega en contra?

—No le juega en contra, es distinto.

—¿En qué?

—Cuando vos ves una película movilizadora y la gente que te rodea reacciona de alguna manera eso también te determina. En un futuro uno va a poder elegir con un control remoto, ese final no, este ángulo no ¿Se entendió lo que dije?

—Esa exhibición pública y esa expresión colectiva de los espectadores, ¿cómo influyen con el arte cinematográfico?

—Primero tuvo que ver históricamente, pero además eso le da info (esas palabra que usa esta gente de ahora) a los que hacen la película o bien para la próxima o bien para la que están mostrando en ese momento: provocar determinados cambios. La masividad y la interacción entre esas personas genera que quienes hacen las películas y quienes las exhiben hagan determinados cambios en las películas; quizás no en esa película pero sí en las que van a venir. De hecho la historia del cine se ha hecho así: las películas que marchan bien con el público son las que generan una cantidad de películas más, y las que que marchan muy poco con el público pero generan una cierta inquietud en uno de los sectores del público son las que terminan formando a los futuros cineastas; las películas que ve nadie colectivamente, nadie que pueda responder a esa exhibición, en la mayoría de los casos no podemos hacer nada con eso, pasan por la historia casi como si no hubieran existido, provocando un cierto efecto sobre el que la hizo y alguien más que la vio y solo eso. Te puedo dar mil ejemplos, hasta uno muy claro, un tipo que seguramente los que lean esto no conozcan y creo que ustedes tampoco. Añ0 1937, un director argentino Leopoldo Torres Ríos, menos famoso que su hijo Leopoldo Torre Nilsson. Era muy prestigioso Torres Ríos, hizo una película que se llama La vuelta al nido, que vista hoy, hecha casi sin diálogos en una época en la que había mucho diálogo, con cero glamour, realista, bastante dura, poética, sensible, yo la veo hoy y para mí es una película neorrealista, otros la ven ahora y dicen «no, se parece mucho a las películas de la Nouvelle Vague». Esa película fue estrenada y no la vio nadie, duró cinco días en cartel; el director se agarró una gran depresión y nunca más hizo una película así, con tanta entrega; siguió haciendo lo que hacía antes y la masa prefería: películas con mucho oficio. Las películas importan cuando la gente las ve.