MICAELA SOLÉ

Elegir la producción

  • Texto: Mariángel Solomita
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  • Fotos: Nicolás Pereyra
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  • Video:Santiago Olivera
  • Nombre: Micaela Solé
  • Profesión: Productora.
  • Filmografía: 'Joya', (ficción Gabriel Bossio, 2008), 'Paisito' (ficción, Ana Diez, 2008), 'Norberto apenas tarde' (ficción, Daniel Hendler, 2010), 'Dos hermanos' (ficción, Daniel Burman, 2010), 'Entre valles' (ficción, Philippe Barcinsky, 2010), 'Por un tiempo' (ficción, Gustavo Garzon, 2013), 'Rincón de Darwin', (ficción, Diego Fernández, 2013).
  • Referentes:
  • Proyectos: 'Rumor' (documental, Arauco Hernández, terminada), 'Los enemigos del dolor' (ficción A. Hernández, en rodaje), 'El hombre nuevo' (documental Aldo Garay, en rodaje), 'Las toninas van al este' (ficción Gonzalo Delgado y Verónica Perrotta, en desarrollo), 'El palomar' (ficción, Daniel Hendler, en desarrollo)', 'Laguna' y 'Memoria para armar' (documentales, Luis González Zaffaroni, en desarrollo), 'Multitudes' (dirección de cortometraje, Emiliano Mazza, en postproducción).

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Micaela Solé produce películas desde su casa, un apartamento discreto en una de las calles más transitadas del barrio Cordón. Dos computadoras, un teléfono y un celular es la parte visible de un trabajo que consiste en ser la mano derecha del director y conocer su proyecto casi tan bien como él. Desde 2007 es la productora ejecutiva de Cordón Films, empresa que fundó junto a Daniel Hendler para realizar su ópera prima, Norberto apenas tarde y que en este momento está involucrada con cuatro películas estrenadas en la región y con otras siete en distintas etapas de realización. Solé, además, escribe y prepara sus primeros pasos en la dirección, un plan que lejos de ser ansioso parece una evolución natural. «Yo creo que mi visión de realizadora tiene que ver con el lugar desde donde  produzco», explica, «que es estar muy cerca del director, con ser una especie de primer espectador de su película».

—¿Estudiaste cine?

—Estudié en la Escuela de cine (ECU), soy generación ’97, compañera de clase de Daniel Yafalián y de varios asistentes de cámara que hoy están trabajando mucho. Lo que pasa es que yo estudié cine cuando era niña en un curso de Cinemateca, y siempre hice videos,  pero cuando tuve que decidir qué estudiar en la facultad entré a estudiar ingeniería química, nada que ver. En un momento dejé y fui a la ECU.

—¿Te sirvió lo que aprendiste en esa etapa?

—Sí, la Escuela tiene como épocas, esa era la inicial (abrió en el ’95). Fue un momento bastante libre en el que uno podía hacer y aparte estaba muy enfocada, directamente, al cine. Con esa base luego fui mejorándome, hice un posgrado de realización en San Antonio de los Baños, en Cuba, y un curso de producción en Madrid con una beca de Unión Latina.

—¿Hubo algún profesor de esa época que te influenciara especialmente?

—No especialmente, hubo varios interesantes por varias razones pero yo con el cine tenía un vínculo desde la niñez, yo creo que ese curso de cine para niños fue muy importante y varios de esos profesores que conocía de niña luego los tuve en la Escuela. Era algo que yo quería hacer, siempre vi mucho cine, de niña y de adolescente, iba mucho sola al cine.

—Sobre todo desarrollaste tu faceta de productora.

—Sí, eso fue medio de casualidad. Cuando empecé a trabajar me manejaba de manera independiente, trabajé en televisión en el Canal 10 como asistente de producción de programas diarios como Caleidoscopio, y después trabajé por la mía haciendo institucionales, pequeños sptos. En esos procesos hacía todo: producción, dirección, a veces hacía cámara y editaba; pasé por todos esos procesos hasta que en un momento surgió la posibilidad de trabajar en publicidad como asistente de producción y yo era un poco reacia porque al principio no me interesaba mucho trabajar en publicidad pero acepté. Rápidamente pasé a ser jefa de producción y después directora de producción y descubrí mi gusto por el trabajo del productor, que nunca se me había pasado por la cabeza, viste que por lo general la producción es algo que a la gente no le gusta, que aparenta ser algo estresante, y lo es, pero en realidad cuando lográs hacerlo también te da muchas satisfacciones y me di cuenta que eso me gustaba a mí: lograr resolver los problemas.

Luego, como lo que en realidad quería hacer era cine, a la par que trabajaba en publicidad hacía jefaturas de producción en  películas como Joya (Gabriel Bossio, 2008), o asistencia de casting en A Dios Momo (Leonardo Ricagni, 2005) y fue evolucionando hasta convertirme en productora ejecutiva y constituir mi propia productora, que es lo que más me gusta hacer. Ahí conocí a Daniel (Hendler), que estaba con Norberto apenas tarde (2010, Daniel Hendler), yo aún era jefa de producción, estaba haciendo Paisito (Ana Díez, 2008), que era una coproducción con España, presentamos Norberto al FONA y ganamos, eso hizo que tuviéramos que formalizar y abrir una productora para hacer su película. En ese proceso mi idea era que yo quería ser la productora ejecutiva pero también hacer lo que siempre hacía: la producción de campo, pero me di cuenta que no podía con ambos laburos y ahí me convertí en productora ejecutiva. Ese proceso me costó mucho, fue medio traumático porque a mí me encanta el rodaje pero a la vez es algo que te agota entonces me costó saber cómo ubicarme como productora. Lo que pasa es que en mis películas por lo general también hago la dirección de producción entonces no tengo que estar todo el rodaje, pero es que a mí ese momento me gusta mucho, porque es muy intenso, es donde la película se está haciendo y yo siento que tengo que estar ahí…bueno, yo voy a los rodajes igual.

—¿Cómo conociste a Hendler?

—Esa anécdota es interesante. Daniel le pidió a Sergio de León que le armara la presentación al FONA y Sergio no podía y como es mi amigo me recomendó. Nos presentó por mail, esa primera presentación la hicimos sin conocernos, por teléfono y mail; ese año no ganamos el FONA pero nos dimos cuenta de que nos llevábamos bien trabajando. Al año siguiente él me dijo “vamos de nuevo, pero esta vez no es solo la presentación, la hacemos juntos”, y ese año (2007) ganamos.

—¿Quién eligió el nombre de la productora?

—Los dos. Fue difícil porque al principio buscamos algo que nos identificara a los dos y que a la vez se identificara con Norberto pero no solo con Norberto porque era el nombre de la productora, pero ese era nuestro único proyecto en ese momento…el nombre es por el barrio, Cordón, que es donde vivimos lo dos (la casa en Montevideo de Daniel es en este barrio) y mucho de Norberto también acontecía en estas calles.

—¿Qué tan complicado fue poder hacer esa primera película?

—Hacer una película siempre es un proceso difícil…

—Porque acá contabas con cierta fama de Hendler…

—Sí, eso es medio raro porque en realidad pasa que no siempre sirve eso. Para él como director y productor el ser conocido no se transforma en algo que facilite las cosas. El guión de Norberto lo tenía desde hace años y lo había presentado algunas veces. Ganamos luego de que hubo una reescritura grande y además hubo un cambio de estructura; el proceso total desde ese momento en que ganamos el FONA hasta que se estrenó fue de tres años.  En realidad hubo momentos angustiosos que surgen de intentar hacer lo que uno quiere hacer con la plata que tiene, y cuando la plata no alcanza…El balance es positivo, logramos hacer la película que queríamos hacer.

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—Ahora estás produciendo su segunda película, El palomar, ¿es más fácil?

—Mirá, nos ha pasado que es una película más chica en su presupuesto porque es una sola locación y es un grupo de gente que se reúne en ese lugar. Ha tenido buena aceptación, por un lado sentimos que la gente tiene confianza en la película porque él ya dirigió, ya produjimos, pero a la vez todavía no logramos conseguir la plata para poder filmar. Es relativo, el proceso no se acortó con respecto a otras.

—¿Esta se va a rodar en Argentina?

—En principio en Uruguay, es una película que podría ocurrir en cualquier parte, de hecho los dos lugares más probables son Argentina o Uruguay, los lugares que Daniel conoce.

—Viajaste al festival de San Sebastián…

—Sí, estuvo bárbaro. El festival es lindo, tiene buena comunicación con Latinoamérica, como que uno va ahí y es gente que te conoce de verdad, hay vínculos reales y el público lo disfruta, por ejemplo este año Fernando Amaral hizo una gira de teatro por el País Vasco y en la calle la gente le decía “Norberto”, y eso le pasó en varias ciudades. Él fascinado y nosotros también, fijate que se estrenó allá en el 2010, la verdad es que eso es lindo.

—¿Sirvió pisar el festival para vender la película o hacer contactos comerciales?

—Sí. Norberto fue en el 2009 a Cine en Construcción en San Sebastián y ahí ganamos un premio de Televisión Española (TVE) que implicaba una precompra y por un lado nos permitió terminarla y por otro se pasó en TVE, y en San Sebastián te encontrás con muchos agentes de ventas y programadores de festivales y ahí hubo mucho interés en la película.

—¿Qué estrategias acostumbras seguir desde la producción? Por ejemplo, teniendo a tu socio en argentina, ¿aplicás a los fondos de ese país?

—Sí, nosotros hemos hecho varias coproducciones con Argentina: Norberto y dos coproducciones minoritarias, Dos hermanos (Daniel Burman, 2009) y Por un tiempo (Gustavo Garzón, 2013). Nuestro vínculo con Argentina es fluido, El palomar también es coproducción, de hecho es una co casi 50 y 50 con la productora Ruda. Y a su vez hacemos coproducciones con otros países.

—Como Entre valles ( Philippe Barcinski, 2012), con Brasil.

—Sí, y Los enemigos del dolor, de Arauco Hernández.

—En algunas de esas coproducciones Hendler integra el elenco, ¿estas primeras asociaciones se dan con allegados?

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—Exacto, Entre valles se da porque querían armar una coproducción donde uno pudiera aportar técnicos y actores y poder presentarnos juntos a Ibermedia, y teníamos un conocido en común con una de las productoras y nos hizo el vínculo, y ahí el hecho de Daniel fue un factor importante porque lo conocían como actor y querían que él actuara, y de hecho su actuación fue uno de nuestros aportes a la película: Daniel como actor. Cuando uno empieza es así. Con contactos de allegados.

En el caso de Por un tiempo yo conocía al productor porque Cordón está vinculado a los documentales de Luis González Zaffaroni y Pablo Ratto, productor de Por un tiempo es coproductor de estos documentales; nos conocimos en el DocMontevideo y él me propuso la sociedad. Después Garzón es muy amigo de Daniel y de hecho había escrito el guión pensando en Daniel y en Ana (Katz, directora y pareja de Hendler). Llegado el momento Daniel estaba haciendo Graduados y terminó actuando solo Ana. Pero estaban esos dos vínculos: conocimiento laboral más amistad.

—Digamos que en ese momento a Cordón le sirve figurar como  productor en películas extrajeras para empezar a ganar un nombre.

—Nosotros en realidad lo sentimos como una retribución porque es muy difícil producir solo desde Uruguay. Siempre necesitás una pata afuera, primero porque los fondos que uno puede recaudar no alcanzan para hacer una película, salvo que sea súper barata, pero para una película donde uno paga todos los sueldos, todos los costos, no alcanza. Y a su vez también es un mercado chico, venderla únicamente en Uruguay no tiene mucho sentido por eso necesitamos tener socios afuera. Entonces uno cuando pide y dice “tengo una película querés hacerla conmigo”, está bueno también poder dar en ese sentido: vos tenés una película y yo te aporto en lo que pueda y la hacemos juntos.

—¿Los aportes más comunes del lado uruguayo son los actores y el equipo técnico?

—Sí. Acá hay un fondo para coproducciones minoritarias que lo que tiene es que es un premio por año, y es como acotado. Igual sirve, es un comienzo para poder también desde Uruguay aportar financieramente. Nosotros habitualmente desde Uruguay aportamos trabajo.

—En este momento en que las cinematografías latinoamericanas están logrando una continuidad y cada una quiere crecer, ¿te parece que ese clima beneficia la voluntad de coproducción o por el contrario las vuelve más interesadas a priorizar sus propios proyectos?

—Yo creo que casi todos los países entienden la importancia de la coproducción. También casi todos los realizadores y los productores queremos coproducir y tenemos vínculos personales y profesionales con otros países y a veces te pasa que conocés a un productor de otro lado, con el que tenés afinidad y querés trabajar con él. También hay países que coyunturalmente se cierran un poco porque necesitan protegerse o no quieren que sus dineros salgan para otro lado;  a veces hay reglas de “bueno te doy dinero  pero hay que gastarlo acá” y entonces hay que ver si te sirve o no te sirve. Pero creo que hay como intenciones, aunque todo el tiempo cambian. Ahora pasa que Europa está en crisis y no hay plata entonces eso provoca que se fortalezcan los vínculos entre el Mercosur, o dentro del sur.

—Colombia se está posicionando como un país interesante para coproducir, ¿no?

—Colombia ahora está invirtiendo mucha plata y tiene fondos bastante generosos, además en el sentido de que hay una parte que sí hay que gastarla allá porque tiene que ver con el sistema de impuestos, pero hay otra parte que no. Chile también invierte mucho en desarrollo y en misiones internacionales. Brasil está haciendo estos convenios bilaterales que es un poco porque ellos quieren abrirse al mundo pero que fomentan las coproducciones.

—¿Sos socia de Asoprod?

—Soy, estoy en esta directiva que va a terminar en diciembre.

—¿Hay un buen vínculo con el Instituto de Cine?

—Sí, se trabaja en conjunto. A veces las visiones coinciden a veces no, pero hay un diálogo constante y fluido. Es favorable. El problema nuestro es que somos chicos y que hay poca plata. Desde que se creó la Ley de cine se le adjudicó un monto de dinero que no creció y a veces hay otros lugares desde donde se vuelca dinero, por ejemplo desde la Intendencia de Montevideo, que tiene sus fondos, ahora para la televisión se está generando un movimiento con el Ministerio de Industria. Pero cambia todo el tiempo y pasa que a la vez se acota porque hay gente nueva que empieza y se vuelve difícil por un lado que la gente que viene haciendo cine tenga continuidad y por otro asegurar la entrada de la gente nueva. Para mí estas son las dos cosas que habría que lograr: que no sea permanentemente una cosa frustrante de hago una película y no sé cuándo voy a hacer la siguiente, que los realizadores puedan tener una continuidad y que la gente que empieza pueda tener el espacio para hacer la primera que siempre es la más difícil.

—¿A vos te preocupa que el cine uruguayo tenga pocos espectadores?

—Me parece que hay que trabajarlo y ver con qué lógica vas a encarar el tema. Si se encara con una lógica de mercado para mí es un error porque desde la lógica de mercado, e inserto en el contexto mundial, no puede decirse que hay pocos espectadores de las películas tipo Rápidos y furiosos 6 (Justin Lin, 2013), pero directamente no hay un espacio  para películas que necesitan dar el tiempo para que el público llegue. Las películas tienen determinado público, cada una de ellas, algunos son más amplios o me llega tanto nivel de información antes de que la película estrene que abre con una potencia comercial tremenda: un montón de gente se entera y va. Hay otras que esa capacidad de comunicar no la tienen y necesitan ser cuidadas, y para mí esa es la manera de generar un público.

—Hablando de las producciones de Cordón, tiene documentales, ficciones, incluso ahora están trabajando con directores ya consagrados como Aldo Garay, ¿cómo fuiste armando esos contactos?

—A Aldo yo lo conozco desde hace años, desde una vez que hice una pasantía en tevé CIUDAD y ahí nos conocimos. Él quiso cambiar de productor, no sé por qué, y antes de que Cordón se involucrara estaba trabajando este proyecto (El hombre nuevo) con una productora chilena y se dio cuenta de que necesitaba un productor uruguayo, porque el proyecto se filma acá y en Nicaragua y era difícil escapar de esa presencia local. Me llamó y le propuse que entrara Cordón; a mí me hizo sentir muy orgullosa que él aceptara porque me gustan mucho sus películas y este proyecto me encanta.

—¿Es más simple producir documentales?

—Depende del documental, este en particular tiene sus dificultades sobre todo con ser cuidadosos con el vínculo con Estefanía que es la protagonista del documental, y el tema de viajar con ella a su país, ella es nicaragüense y vino porque fue adoptada por padres uruguayos y nunca más volvió y para ella es movilizador. Tiene ese tipo de dificultades, pero a nivel productivo es fácil porque es un equipo muy chico.

—¿Vas a viajar?

—Sí, voy al rodaje en Nicaragua.

—Con González Zaffaroni tenés previsto rodar dos documentales…

—Sí, ahí la estructura es que él es productor y Cordón es coproductor. El proyecto Memoria para armar lo tiene desde hace mucho, y somos amigos, en un momento me dijo de producirlo y en eso que dijimos sí, surgió un hecho que fue el que le disparó el tema del otro documental, que se llamará Laguna y empezamos a producir los dos a la vez. Laguna ya ganó el Fondo de fomento del ICAU.

—Y tenés dos proyectos con Arauco Hernández, que calculo el contacto vendrá por Hendler.

—Claro, Arauco fue el director de fotografía de Norberto y después de filmar nos pasó el guión de Los enemigos del dolor a ver qué nos parecía y si entrábamos y dijimos que sí, estamos filmando ahora.

Rumor, su otro proyecto, es un documental que ya está pronto para ser exhibido.

—Sí, es un proyecto más chiquito. Entramos porque él y su hermana ganaron un Fondo Concursable porque está vinculado al tema de la danza. Al inicio querían hacer un registro de un acontecimiento y se convirtió en un documental y después que estaba filmado, en un momento, en medio del trabajo con Los enemigos, me dijo de entrar en la coproducción para ayudarlo y ganamos Montevideo Socio Audiovisual.  Con la distribución, que es lo que vamos a enacarar ahora, estamos pensando en cómo hacerla porque cada película es distinta, más allá que nosotros tenemos un pefil que es inherente a lo que nos gusta hacer y a lo que nos gusta ver, cada una debe tratarse de forma única.

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—¿Te llegan guiones?

—Sí, muchos llegan. Re entiendo, es muy difícil eso de la búsqueda del productor, buscar quién te ayude y quién se suba contigo al carro primero, uno se acerca a alguien que no te conoce y para mí cuando elijo hacer una película no solo tiene que ver con el guión, que me tiene que gustar, tengo que ver que me den ganas de ver esa película y que confío en la mirada de ese director para hacerla.  Para mí está más vinculado con eso que con el guión en sí, que está bien, a veces es una buena idea, está bien escrito, pero uno tiene que lograr proyectar y es una gran frustración cuando uno apuesta por algo que cree que va a estar bueno y no sucede, pero bueno, para mí está re vinculado, a veces me junto igual porque no me gusta eso de que uno te mande un mail y responder así, que no.

—Hace unos años se decía que faltaba preparar productores, y se trabajó en la formación. Hoy pareciera que hay más gente volcándose a este rubro, ¿tú lo ves así?

—Sí, yo veo más gente produciendo, igual creo que estaría bueno que fuéramos más porque sigue habiendo más directores que quieren hacer sus películas que productores dispuestos a hacer las películas de otros. Inclusive hay gente que produce y hasta produce películas de otros pero que en realidad es director, pero aprendió a producir, o le gusta también producir sus películas. Me pasa que cuando yo digo que no la voy a producir “recomendame a alguien”, y no somos tantos todavía y los que somos estamos con bastante trabajo.

—¿Vivís del cine?

—Yo vivo del cine desde que dejé de trabajar en publicidad, después de estrenar Norberto. Desde ese momento vivo el cine.

—¿Enseñás en algún lado?

—En la ECU, desde el año pasado doy un curso de producción ejecutiva y está bueno porque es eso, empezar a transmitir eso del amor por la producción, que es difícil de visualizar.

—Tenés proyectos por fuera de Cordón,  como fue Rincón de Darwin.

—Sí, bueno eso tiene que ver con eso que te decía, en el caso de Rincón yo había trabajado tanto con Parker (Diego Fernández) como con Gabriel Richieri que es el socio en Transparente Films, en publicidad, y nos llevamos bien, nos conocíamos y cuando ellos ganaron el FONA Parker quiso dejar la producción para concentrarse en la dirección y ahí entré yo, sin Cordón. Tengo otra que es Las toninas van al este, de Gonzalo Delgado  y Verónica Perrotta, que los productores son ellos pero yo soy la productora ejecutiva y es probable que Cordón sea productor asociado. Seguramente rodemos a principios del año que viene.

—Dirigiste uno de los cortos que componen el documental Multitudes (Emiliano Mazza, a estrenarse), ¿tenés ganas de dirigir?

—A mí me pasa eso que te contaba: mis inicios fueron como directora y bueno, después me metí en la producción que es más absorbente y te pone en otro ritmo de trabajo y no es una herida, no es «quiero dirigir», pero a su vez sé y tengo esa cosa de que sí, en algún momento voy a tener mi proyecto porque yo también escribo. Emiliano me invitió a dirigir uno de esos cortos y fue muy lindo, todavía hay que terminar de editar. Para mí fue lindo eso, hacerlo, estar desde ese lado, lindo poder resolver el tener una visión de algo y contarla.

—Cuando decís que escribís, ¿siempre hablamos de cine?

—Sí, tengo algunos guiones…

—Y ahora necesitás tú un productor de confianza…

—Exatamente, eso ya lo hemos hablado de que sea Cordón, porque Daniel tiene una veta de productor, no sé si es fácil de entender la diferencia entre el productor y el productor ejecutivo, en Cordón la productora ejecutiva soy yo, pero los productores realmente somos los dos. Las decisiones más macro las tomamos  los dos,  pero muchas veces él se encarga solo de esas decisiones, muchas negociaciones las hace él, así que capaz que le divierte…

—Es cuestión de conseguir darte espacio para producir tus proyectos, entonces.

—Es eso, pero sin estrés, si va a llegar el dia…yo tengo la sensación de que sí. Yo creo que mi visión de realizadora tiene que ver con el lugar desde donde produzco: soy una productora que estoy muy cerca del director. Para mí básicamente el trabajo del productor es entender al director y ayudarlo, sos como el primer espectador, tenés  una distancia un poquito mayor que él pero conocés el proyecto y estás con él desde el principio. A mí ese lugar es el que me gusta.