MARIANA VIÑOLES

Cine para uno

  • Texto: Mariángel Solomita
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  • Fotos: Nicolás Pereyra
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  • Video:Santiago Olivera
  • Nombre: Mariana Viñoles.
  • Profesión: Realizadora, fotógrafa.
  • Filmografía: 'Crónica de un sueño' (largo documental, codirección con Stefano Tononi, 2005), 'Los uruguayos' (largo documental TV, 2006), 'La Tabaré, rocanrol y después' (largo documental, codirección con S. Tononi, 2008), 'Exiliados' (largo documental, 2012).
  • Referentes: Raymond Depardon, Johan van der Keuken, Andrei Tarkovsky.
  • Proyectos: 'El mundo de Carolina' (largo documental, en desarrollo).

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Falta exactamente un día para que Mariana Viñoles, su pareja y colaborador Stefano Tononi y su dos hijos, viajen a Suiza para instalarse allí por un año. En medio de una casa llena de valijas y cajas de cartón se hizo esta entrevista. Viñoles, que tiene 37 años y está por filmar su quinto largometraje documental, muestra dónde funciona Cronopio Films, la productora que ampara los proyectos que ella y Tononi desarrollan, a veces propios, a veces ajenos. Es una habitación de la casa, la más próxima a la puerta de entrada. Luego empieza la vida familiar, con corralitos, mamaderas y muchos juguetes de niños. Viñoles y Tononi se conocieron estudiando cine en Bélgica, él es de Ginebra y ella de Melo. Volvieron al país en el año 2004 para debutar en el cine con Crónica de un sueño (2005), un documental que les trajo alegrías y algún dolor de cabeza, pero que llamó la atención de Televisión América Latina que le ofreció a Viñoles crear Los uruguayos (2006), una película televisiva que en nueve meses y 52 minutos resumiera la identidad uruguaya.  Luego codirigieron La Tabaré, rocanrol y después (2008) y, otra vez en solitario, Viñoles realizó Exiliados (2012). Esta obra ganó algunos festivales y se exhibió brevemente en Cinemateca y es la mejor presentación de una directora y fotógrafa con una visión bastante singular del cine, en el que las fronteras entre lo íntimo y lo público se corren, un almuerzo familiar puede ser una escena y su propia familia los personajes centrales de una película de temática universal.

—Te vas por un año a vivir a Ginebra, ¿por qué viajar en este momento en que tenés proyectos en desarrollo en Uruguay?

—Stefano (Tononi) es suizo, lo tomamos como parte de nuestro recorrido como vida juntos. Siempre la pregunta para Stefano es qué está haciendo acá, nosotros vinimos en el 2006 y nos quedamos hasta ahora, que tenemos dos hijos, y ahora estábamos esperando una posibilidad que se dio en Suiza y nos vamos a instalar por un año en Ginebra. Habitualmente vamos dos meses y nos volvemos, y muchas veces vamos por trabajo, para intentar establecer vínculos más fuertes con posibles colaboradores de nuestras películas.

—El primer fondo que ganaste en tu carrera es un fondo de Ginebra para filmar una película sobre las elecciones en Uruguay, suena un poco raro.

—Es raro sí. Crónica de un sueño (2005) es una película suiza filmada en Melo, más raro aún. Nosotros en poco tiempo tendremos 40 años y queremos aprovechar esta posibilidad de presentar a fondos suizos películas nuestras o de colegas. Queremos encontrar a las personas para poder producir allá, o si no fuese el caso abrir nosotros una pequeña productora como es Cronopio Films acá. Queremos seguir filmando acá, y no buscando fondos internacionales como puede ser Ibermedia sino cosas más concretas; Suiza es un país pequeño, tampoco es que la industria del cine esté súper desarrollada pero existen fondos.

—Volví a ver tus películas para esta charla y me parece que hay una constante que es esa exposición que hacés de tu intimidad ante cámara, en algunos casos hasta como un contexto para arrancar con la película en sí. Es como si fueras la protagonista de tus películas pero película a película estuvieras buscando tu lugar.

—Sí, incluso en la película sobre La Tabaré (La Tabaré, roncarol y después2008), que es un retrato de un músico, hay pequeños guiños, momentos en que él se dirige directamente a mí…La idea siempre es dejar registro. Siempre trabajamos sobre el presente, creo que son películas que tal vez sean más importantes dentro de 30 años. La idea es hacer un camino en el que voy dejando registro de lo que tengo delante, pero también sin mentir. Lo que hacemos nosotros con nuestras películas, como documentalistas, es ir siempre abriendo otro plano más; trabajar mucho lo que es el fuera de cuadro pero además ir mostrando cada tanto que vos te vas metiendo en una cosa que es narrativa, que tiene un lenguaje cinematográfico pero cada tanto hacerle acordar al espectador que todos estamos siendo parte de ese trabajo que es filmar una película.

Mi lugar surge de manera natural. En Crónica de un sueño fue como evidente, no estaba pensado de la manera que terminó siendo, apareció en el montaje la materia. Yo pensaba que iba a filmar a mi papá y que lo más interesante de esa película era la historia de la persona que regresa al país para poner su voto. Dejamos un registro de algo que para nosotros es muy personal, íntimo, familiar, pero que a la vez tiene sentido porque ese personaje que en Crónica de un sueño es Mariana representa a cientos o miles de realidades nuestras. Cualquier otra persona que hubiera estado en la misma situación que yo se sentiría reflejada mirando esa película.

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—Así que tú y tu familia son personajes en el cine que hacés.

—Sí. Y después, enseguida que hago Crónica de un sueño me contratan para hacer Los uruguayos (2006), que fue un desafío enorme.

—Fue un trabajo por encargo: contar en imágenes una identidad nacional, tu segundo largo, recién llegada luego de cinco año de vida en Europa,  ¿cómo lo enfrentaste?

—Lo acepté enseguida porque es la filosofía: hay que vencer el miedo. Me pareció una oportunidad buenísima para reenganchar haciendo algo y más que no fuese una decisión mía, nunca se me hubiera ocurrido hacer una película que se llamara Los uruguayos. Implicaba muchísima intuición y muchísima frescura, era una propuesta ambiciosa y tenía que durar 52 minutos y había una urgencia: cuando me contrataron yo tenía que estar disponible la semana siguiente para empezar a filmar; fue todo muy rápido.

—¿Qué plazos te dieron?

—Tres semanas de preparación para pensar una idea y proponérselas, tres semanas de rodaje y tres semanas de montaje. Creo que terminé el rodaje y a los dos días estaba editando en San Pablo.

—¿Te gustó trabajar así?

—A mí me gusta mi trabajo entonces cualquier forma me divierte. Es como seguir haciendo escuela en el sentido de que son nuevos ejercicios. Me gustó mucho, fijate que después hice Exiliados (2012) que estuve años…Esto me daba eso que te decía, intuición, frescura. Por eso creo que decido finalmente hacer la película que hago, que es literalmente ir dejando registro del proceso de trabajo, porque la verdad es que yo estaba como filmando el trabajo de campo.

—Eso también es una constante en tus películas, utilizar el procedimiento como parte de la narración misma. Me decías en una entrevista anterior que a vos te importa mucho la estética  y que pensás mucho cada plano, sin embargo cuando lo ves parece que dejaras los cinco segundos previos al «acción» a propósito, para que lo vea el espectador, ¿cómo elegiste filmar así?

—Descubrí haciendo. Yo terminé la escuela de cine y Crónica de un sueño fue un «nos tiramos al agua». Todavía no había entregado la tesis y nos vinimos a filmar esa película que fue bastante fácil desde el punto de vista narrativo: la historia es enorme, tiene un final feliz. Estoy haciendo ahora mi quinto largometraje y no hay con qué darle, Crónica de un sueño creo que va a ser mi mejor película.

—¿La sentís así?

—Es que tiene muchas cosas que hacen que sin ser una película «yerba Canarias» sea muy popular y es un registro de un momento que nunca más va a ser el mismo aunque sigas filmando 40 elecciones. Fue un momento clave para el Uruguay, la energía que había en ese momento se percibe en la película.

—Aplicando esa teoría que supone que a pesar del volumen de su obra un escritor siempre escribe sobre el mismo tema, yo diría que en tus película siempre tratás la destrucción de la familia, el quiebre y el intento por reconstruirla.

—Puede ser sí. Sí. Hace mucho tiempo que no veía Los uruguayos y hablando con una amiga me puse a pensar que sí, que Los uruguayos se parece muchísimo a Exiliados por ejemplo: dos personajes que tocan la temática del exilio, uno que se va y otro que vuelve por un tiempo. Por mi experiencia personal cuando tengo que hablar del Uruguay siempre elijo esos temas.

—Mismo en La Tabaré…, un grupo que se va desintegrando y reconstruyendo a lo largo de los años.

—Sí. Es como un extracto de realidad. Desde el momento en que yo decido trabajar de esta manera íntima, siempre concentrada en mí estado de ánimo actual, en el momento en que filmo, es casi como si la familia fuera un extracto del universo, primero de la sociedad y después del mundo. Tal vez elijo hablar del mundo desde esos lugares más íntimos. Y todo lo demás es vida, ¿no? Separaciones…Tal vez es una visión un poco melancólica de la realidad, que tiene que ver con mi realidad porque mi familia no fue una familia feliz. Es lo que me interesa como artista, para decirlo de alguna manera. Si alguna vez tengo que hacer una película que me «contraten para» también la haría, pero mi visión personal está muy impregnada en esa cosa de ruptura, que creo que habla del Uruguay también.

—Volviendo a Los uruguayos, es muy interesante el tipo de personaje que elegiste filmar, un tambero, un mozo, un abogado que además va al estadio, un joven que va a estudiar al exterior… ¿cómo elegís a los personajes?, ¿qué tanto los preparás?

—Te dije que en Los uruguayos fui dejando registro del trabajo de campo pero no es absolutamente cierto porque yo hice un trabajo de campo previo a filmar. En esa película primero que nada traté de elegir puntos geográficos. Yo sabía, porque soy una chica del interior y además porque un millón y medio de uruguayos viven en el interior, que quería empezar el documental por el medio del campo y no por la ciudad. Había otro montón de cosas que había definido y me fui a buscar esos personajes, quería encontrar un peón de estancia, que finalmente lo quitamos, pero sí dejamos una historia del medio del campo, y así empieza la película, con Coco que es un tambero. También quería tener la playa, la gente que vive ahí, porque ni los brasileros saben que nosotros tenemos mar. Quería mostrar a los pescadores, cómo son los que elijen vivir al lado del océano. Haciendo ese viaje fui encontrando a Victoria, que es un personaje muy importante, yo llegué a ella por su esposo que nació en Valizas y tenía un perfil político de izquierda muy comprometido y hoy es edil. Lo filmé a él,  al «Mondeja», pero quedó su mujer porque me di cuenta que el personaje era ella. Ahora somos amigos, yo mantengo un contacto profundo y fluido con ellos. Fue complicado lidiar con la situación familiar para filmar, entonces, un día que yo sabía que «El Mondeja» no iba a estar me instalé en su casa y vi cómo iba a filmar.

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—Cuando un personaje ingresa en tus películas, y tú dialogás con ellos, queda plasmado cierto conocimiento previo, cierto grado de confianza anterior al momento cinematográfico, ¿hay un clima que busques generar?

—Sí, totalmente. Debe tener que ver con mi carácter, yo me abro mucho más estando sola con otro que en una fiesta de amigos, porque soy tímida. Y también supongo que genero como persona cierta empatía, y me aprovecho de eso. Del punto de vista técnico tengo mis pequeñas estrategias; primero, mis equipos son reducidos por opción y segundo, si yo quería generar una intimidad con Victoria por ejemplo, y como fotógrafa saber qué luz necesito, trato de no llegar con todos al lugar del rodaje, como si fuera «hagamos como un scouting«. No llegamos todos a ver y elegir dónde, es muy en un clima íntimo. Cuando llegamos ya tenemos que instalarnos cada uno en su sitio de acuerdo a lo combinado previamente pero sin que el protagonista se sienta invadido. En el caso de Victoria primero fui a la casa sin cámara, me senté, preparamos un té y llamé por teléfono para pedir tal cámara y tal trípode, cosa que ya había acordado con el equipo, y a veces queda bien, como en ese caso de Victoria, que parece espontáneo pero yo sabía a qué hora me servía la luz, la profundidad de campo está buscada, hay detalles como una tele apagada en el fondo, la intención de mostrar en el plano que esa pareja vive con lo mínimo.

—Te preparás pero rápidamente, digamos.

—Yo diría que me preparo, y no quiero ser necia, pero me preparo como íntimamente. Voy ahí, siento el lugar, veo cuál es el mejor momento para hacer la entrevista. A veces es algo que intuyo.

—Una vez me dijiste que no repetís planos.

—Sí, por ahora no. Me gusta mucho trabajar así pero a mí me gusta la ficción también, y en la ficción repetimos planos. Ahora filmamos con Stefano un corto (En la orilla) en el que yo hice la foto y no hay nada más bello que poder repetir planos. En el documental trato de que no porque trato de relacionarme desde otro lugar: son los desafíos y a mí me gusta que el documental sea así.

Creo que hay un momento en La Tabaré… en que esto es clarísimo: llegamos a ver a Dino y es el único viaje que se hace, es el climax de la película cuando ellos cantan Milonga de pelo largo en la cocina, y cuando llegamos el abrazo de ellos queda fuera de cuadro. Yo le mostré la película a una amiga cineasta alemana y me dijo “esto hacelo de nuevo porque no está el abrazo”, y para mí está el abrazo, porque está todo lo que sucede mientras llegamos a la casa, se ve el perro que sale a recibirnos, incluso se ve parte del equipo de sonido…¿Hacelo de nuevo? Puedo tenerlos abrazándose pero pierdo la vida.

—¿Cuándo sentís una sensación de logro en el documental?

—En un momento como ese. De verdad, te digo, esa llegada a pesar de que se abracen fuera de cuadro es bellísimo y lo segundo bellísimo de esa secuencia es cuando cantan. Como soy fotógrafa también tengo que lograrlo desde el punto de vista fotográfico y cuando coincide lo logro, a pesar de que sea una representación.

—¿Con qué equipo solés filmar?

—Con un sonidista.

—Dos personas.

—En el set sí. Si puedo y las circunstancias son las apropiadas, si el rodaje y la temática me lo permiten, tengo un asistente de cámara, pero muchas veces filmo sola. En Exiliados fimé sola e hice yo el sonido porque no había espacio ni para Stefano, literal y metafóricamente.

—Ya que hablás de Stefano, no es extraño que tengas una productora que funciona en una habitación de tu casa, pero por ahí sí que todas tus películas sean realizadas entre los dos.

—Sí, es un poco extraño. Todavía nos amamos.

—Al menos no es el montajista, ahí se complicaría más…

—No, nunca fue él. Hace ocho años que estamos casados y hemos decidido dejar de hacer algunas cosas juntos, pero por otro lado hemos aprendido también a separar, esto es algo extraño de decir, pero es así. Desde el momento en que también tenemos una familia, que tenemos hijos, tenemos que tener algunas reglas…para jugar con los nenes y que ellos no vivan en una productora. Tenemos el espacio de familia donde jugamos a que somos felices y luego el lugar donde nos tenemos que estresar porque tenemos que cerrar presupuestos y hacer llamadas y algunas veces se mezclan las cosas porque somos personas.

—Volviendo a Crónica, cuando el documental se emitió por TNU varios políticos de la oposición se indignaron. Tú elegiste hacer una película muy subjetiva donde tomás partido desde el primer segundo, ¿comprendiste el enojo de estos políticos?

—Lo comprendo, porque comprendo el Uruguay, comprendo la realidad y la acepto. Con esto te quiero decir que para mí fue muy importante haber vivido cinco años fuera del país, yo estudié en Bélgica, que además esa zona es de mucha tradición de cine documental y de grandes documentalistas, el documental no se inventó después del cine; el documental es cine. (Voy a hacer un paréntesis, una vez fui a presentar una película a Melo, mi querida ciudad, y el tipo que más sabe de cine en Melo, cuando nos va a presentar ante el público dice, “estos cineastas, ojalá que algún día hagan una verdadera película”, y yo ya tenía tres documentales hechos…).Toda la cuestión del punto de vista, del universo, lo de tomar partido es eso: para mí estaba implícito, yo no iba a venir a filmar un documental acá desde el punto de vista objetivo porque yo no estudié periodismo. Por eso qué suerte que estuve esos años fuera porque si no me hubiese ido nunca lo hubiera hecho así, necesité tener la distancia para hacer eso sin culpa. Porque lo hice de una manera muy natural, yo iba a filmar el trabajo de mi hermana y mi cuñado, que son militantes de izquierda de toda una vida, y que además fueron muy importantes para mí porque yo desde los 10 años me iba a actos frenteamplistas. Yo quise contar la historia desde ese lugar, que era un lugar íntimo, familiar pero que tenía que ver con el trabajo del militante hormiga. Al proyecto lo empecé desde ahí, por seguir el trabajo de todas esas personas que luchan por un ideal que en el 90% de  los casos nunca logran verlo realizado en vida; en el caso de mi hermana y mi cuñado lo están viviendo en carne propia hoy.

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También dejé registro del maltrato y eso es lo que les molesta a las personas que se quejaron cuando esa película se emitió en un canal de televisión público, es evidente que hubieran reaccionado así. Dejé registro de dos discursos que son raros y que nunca más van a volver a existir, vos viste la película, era voy al pueblo más rata…y con eso hablo de mi propio pueblo… y creían que les daban Fanta y metían a esos paisanos adentro de un camión para llenar un acto, yo no podía no dejar registro de eso. Y también dejo registro de un acto del Frente Amplio donde personas y personas bajan de un camión de Cololó y ese plano también está en la película, las personas de izquierda también van a buscar gente a los pueblos y las traen a los actos. Es como dejar registro del folklore pero al mismo tiempo del maltrato de esa idea, y todos sabemos lo que fue esa campaña del 2004 para evitar que lo que iba a suceder no sucediera, todo el mundo perdió los parámetros. Debe ser rarísimo para ellos mismos verse diciendo las cosas que dijeron.

—En un país donde se hace tanto cine documental, ¿vos te sentís cercana a algún director, a alguna «escuela»? Yo te asociaría a Mario Handler…

—…Sí, Handler podría ser un referente.

—Te educaste cinematográficamente en Europa, ¿qué tipo de películas son las que te influenciaron más en esa etapa?

—Sobre todo el tipo de película que tenía al director – fotógrafo detrás de la cámara. Te puedo nombrar al documentalista francés (Raymond) Depardon que es un tipo que es un genio, yo miré todas sus películas y la capacidad de involucrarse en lugares donde tenés que hacerte prácticamente invisible dejando constancia de que vos estás ahí, haciendo la película de otro, es brutal. Me gusta como genera un vínculo con quien está filmando, haciendo presente que existe una persona detrás de la cámara y que además se le escucha. Después hay otro, (Johan) van der Keuken que es holandés y que es un genio también, pero ya él trabaja de otra manera, yo vi cómo él hace sus películas y es un tipo que sus películas son bellísimas pero tiene una manera de trabajar con la cual yo no me siento identificada.

En el caso de Mario Handler por supuesto, una película como Aparte (2003) es una película muy interesante desde el momento en que deja registro de una realidad que hoy no es la misma, esos niños de Aparte hoy salieron a la superficie, hoy esa película no se llamaría Aparte, y eso es lo que me interesa en Handler: su manera de dejar registro del momento presente sin demasiados artificios.

—¿Viajaste a Bélgica para estudiar fotografía?

—Yo viajé para estudiar realización.

—Porque me dijiste que empezaste a realizar a partir de la fotografía y no al revés…

—Sí, yo había empezado a hacer unas cosas acá mientras trabajaba en un productora que se llamaba Dinamita, donde yo era asistente de producción pero poco a poco fui haciendo algunas cosas, antes de irme filmé unos video clips para La Tabaré y filmé un cortometraje. Me fui a Bélgica para entrar en esta escuela de cine (IAD) sin saber hablar francés, así que me fui tres meses antes para saber decir al menos mi nombre y hablar algo de aviones y explicar mi motivación de querer hacer la escuela. Tenía manera de demostrarlo en las pruebas más técnicas porque yo sabía algo, pero hablaba poco francés y tenía posibilidad de dos exámenes de ingreso porque es una escuela difícil de ingresar. Me presenté en Realización y en Fotografía, y no entré en Realización porque no podía escribir todavía. Ellos decidieron que yo tenía que estudiar fotografía y a mí me encanta, por eso igual terminé realizando. Me gustó muchísimo hacer ese camino, porque me especialicé en algo que me encanta.

—Y la fotografía termino siendo la materia prima estética en el cine que hacés.

—Sí, si hubiese hecho Realización estaría haciendo otra cosa.

—Sobre la manera que tenés de fotografiar, acostumbrás aplicar mecanismos bastante domésticos y económicos.

—En re interesante porque hasta en cine uno puede trabajar con lo básico, mismo filmando películas y eso me encanta, si lo puedo hacer. Fotográficamente a mí me inspira en cualquier lugar del mundo que vaya, este lugar que es el que yo llevo adentro. Cuando vengo acá trato de aprovechar al máximo la luz natural, y por eso de la intimidad trato de manejarme con lo que hay en la casa, por supuesto que una lámpara de bajo consumo no corre, pero sí aplico la lógica de no invadir, una cosa es llegar a un lugar y cambiar tres lamparitas y otra distinta llevar un equipo de luces.

Depende del presupuesto, si no tengo plata voy al supermercado y compro los watts que necesito para generar el ambiente que quiero. Yo trabajo mucho con una especie de portátil que enganchás en cualquier lado. Si tenés presupuesto es otra cosa, si necesitás hacer una luz día y tenés un rodaje más estricto podés alquilar luces. Lo que pasa es que yo trabajé mucho y esto es muy duro, entonces trato de adaptarme porque en un rodaje con plata vos tenés que aprovechar al máximo la materia que tenés y nadie te alquila las luces por hora sino por día y el rodaje se hace muy exigente. Nosotros tenemos nuestro propio pequeño material, mientras pueda trabajo en el horario que quiera y de esa manera.

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—Sos de Melo, ¿cómo fue para tí ver El baño del Papa (Enrique Fernández y César Charlone, 2007)?

—Es una película bellísima desde el punto de vista fotográfico y narrativo. Yo fui a ver al Papa en los hombros de mi  padre, era una niña y tengo muchísimos recuerdos de ese día entonces fui a ver la película muy cargada de si iba a corresponder o no, sabiendo que era una ficción y que no podía exigirle nada. Me parece que está muy bien, deja un registro muy bueno de Melo y utiliza un lenguaje que era de la época y que casi nadie sabe lo que quiere decir pero no importa. Eso de trabajar con actores del lugar me parece que lo lograron muy bien. Lo único que a mí no me gusta son esos últimos planos como más publicitarios, que solo porque vengo del documental me parece que la película no los precisaba, pero seguramente sí los precisaba.

—Ganaste los Fondos de fomento para realizar otro largo documental, El mundo de Carolina, ¿cuál es tu punto de interés esta vez?

—Es una película sobre una chica que tiene Síndrome de Down y es un retrato de ella. Es tratar de conversar con una persona con quien tengo una amistad, en un plano, solamente dialogando, tratar de manejar fuera de cuadro lo que sucede en su casa, la relación que tengo con su familia y que ellos tienen con nosotros a través de lo que suceda en las conversaciones. Dejar registro de que estamos haciendo una película, narrativamente hablo en off tratando de decir las cosas que la película no dice, para darle más profundidad. Me involucré en esa historia porque yo tuve una hermana con Síndrome de Down, te digo porque siempre está el lado personal. Yo me acerqué a Carolina porque me invitaron a filmar a unos chicos con este síndrome que bailaban tango, al principio se iba a llamar El tango y el abrazo porque yo pensaba dejar registro de estos jóvenes y a medida que me metí más en el proyecto decidí no hacerlo si no encontraba un punto de vista.

Cuando decido hacer una película me meto a fondo y tiene que ver con encontrar mi propio interés en involucrarme con la temática y con los personajes, y la verdad es que yo quería ir más lejos de una película sobre niños que bailan tango. Encontré a Carolina y me conectó con cosas íntimas que estaban un poco olvidadas. Quise contar cómo es su vida para saber cómo vive una persona que es diferente, a la que muchas veces no nos animamos a acercarnos por miedo a relacionarnos con lo que no conocemos. Es una película que en la medida de lo posible debería mantenerme al margen; o sea, yo no soy la protagonista de esa película, es Carolina, voy a tratar de estar presente de la misma manera en que lo logra Depardon.