MARIANA SECCO

Que la película exista

  • Texto: Diego Faraone
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  • Fotos: Bernadette Laitano
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  • Video:Santiago Olivera
  • Nombre: Mariana Secco.
  • Profesión: Productora.
  • Filmografía: Producción ejecutiva en 'La cáscara' (Carlos Ameglio, 2007), 'Reus' (Pablo Fernández, Alejandro Pi, Eduardo Piñero, 2011), 'Relocos y repasados' (Manuel Facal, 2013), 'Hélices' (Maximiliano Contenti y Adrián Barrera, 2013), 'Mr. Kaplan' (Álvaro Brechner, en postproducción). Distribución: 'La sociedad de la nieve' (Gonzalo Arijón, 2007), 'Ojos bien abiertos' (G.Arijón, 2010), 'Artigas, La Redota' (César Charlone, 2011). Coproducción: 'Aire libre' (Anahí Berneri, 2013).
  • Referentes:
  • Proyectos: 'Wilson: vengador de la república', documental dirigido por Mateo Gutiérrez. 'Pornostein', Carlos Ameglio, en desarrollo. 'Faces da alma', de Vinicius Coimbra, rodaje en Montevideo en octubre del 2014.

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Salado es en primer lugar una productora publicitaria y, en segundo lugar, una productora cinematográfica. Pero en un país en el que estamos aún lejos de hablar de una industria de cine, el rol de Salado ha sido importante para su historia reciente: directores como Gonzalo Arijón, Manuel Facal, César Charlone y Álvaro Brechner han distribuido o realizado algunas películas con su respaldo. El departamento de cine de Salado ha sabido articular una estrategia comercial con proyectos variados, integrando conceptos como el de packaging a los mecanismos de distribución locales. En una de sus oficinas, Mariana Secco se prestó a esta charla y se explayó sobre su trabajo y trayectoria en el no siempre grato rol de la producción ejecutiva.

—¿Cómo fue tu formación como productora?

—Se dio un poco por casualidad. Crecí en el campo a 50 km de la ciudad de Young, en Río Negro, después de eso me vine a Montevideo a vivir al Centro. Tenía un tío que trabajaba en el Centro Cinematográfico Franklin y en ese entonces me había dado un pase para los cines. Mi casa estaba a muy pocas cuadras del Cine Trocadero. Pasar de vivir entre verdes, de trepar a los árboles, a vivir en el centro de una ciudad fue un cambio medio drástico y mi programa de las tardecitas era ir al cine. Ahí tendría de 14 a 16 años y empecé a agarrarle el gusto. Empecé Ciencias de la Comunicación -que no terminé, me faltó la tesis-, a trabajar en una agencia de prensa, después una agencia de publicidad, fui saltando de un lado a otro, trabajé con Emma Sanguinetti en la Fundación Buquebus; siempre estuve vinculada de una forma u otra con la gestión cultural. Después me ennovié con Carlos Ameglio y empecé a dar una mano con la productora, ya sabiendo que la publicidad no era lo que me interesaba. Cali recién empezaba a escribir su primer largo, La cáscara, que lo produjimos unos años después, y empecé ahí. El departamento de cine creo que lo fundé en el año 2004 ó 2005, después proyecto tras proyecto fui aprendiendo de la gente que trabajaba conmigo, de los otros coproductores, de los técnicos, de los directores mismos, en la marcha.

—Pero Salado existía desde antes que vos entraras…

—Sí, ya estaba creada como desde el ’97. La había fundado Cali con Nero de Vargas, su socio, ellos se habían separado de Diego Arsuaga, que al mismo tiempo abrió Taxi Films.

—¿Cómo definirías el perfil de la productora?

—No sé si tiene un perfil. Una de las cosas interesantes que ha tenido en su corta vida el departamento de cine de Salado, es ser heterogéneo. Por acá han pasado directores con diferentes perfiles, películas diversas. No tenemos un leitmotiv, no decimos «hacemos cine de autor» o «películas más taquilleras» o «que anden bien internacionalmente». Vamos proyecto a proyecto, ahora estoy metida en la película de una directora, Victoria Szymanska, que se filma entre Francia y Tanzania, es como que siempre estamos en algo con alguna particularidad que no tuvieron los anteriores películas. No se sigue un patrón: documentales, ficción, hemos agarrado alguna película como Artigas, La Redota (César Charlone, 2011) solamente para distribución. El documental de Gonzalo Arijón, La sociedad de la nieve (2007), para distribuir, y otro film suyo, Ojos bien abiertos (2010), lo distribuimos acá e hicimos las ventas internacionales. Me parece interesante salir y ser, además de productores, coproductores, productores asociados, distribuidores, vendedores internacionales.

Me gusta ser productora ejecutiva pero disfruto mucho de la dirección de producción, quizás eso es lo que más me interesa de todo. Me tocó ser productora asociada y presupuestar una película grande que tenía la intención de venir a Uruguay y que por equis razones no ha venido. Me tocó trabajar con productores pesados en proyectos que llevan seis, ocho meses presupuestarlos, presupuestos de 150, 180 páginas, imagináte lo que uno aprende con eso. Finalmente no te queda nada (ese fue un trabajo que nunca vino) pero el aprendizaje que tuve ahí no podría haberlo tenido de otra manera.

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—¿Y no te frustra?

—Sí, un poco. Pero hay mucha cosa frustrante en esto que hacemos nosotros. Todo el mundo tiene que lidiar con las frustraciones y acá quizás un poco más. Pero es parte del paquete: uno quiere producir cine, quiere vivir en Uruguay, es obvio que voy a tener frustraciones, hay que llevarlas lo mejor que se puede.

—Salado originalmente se dedicó a hacer publicidad, ¿cómo se dio el paso para empezar a producir cine?

—El corp business de Salado es hacer publicidad. Es una productora cuya oficina central está en Montevideo y tiene oficinas en Buenos Aires, y un departamento de servicios de producción que trabaja zafralmente en lo que es publicidad. Cuando yo entré no fue una decisión corporativa de Salado «ahora vamos a hacer cine», se fue dando por una cuestión de amor al arte. A Nero, socio de Cali, también le encanta el cine, le parecía interesante la idea de empezar a producir cine desde acá, darle la oportunidad a otras personas de usar esta plataforma que de alguna forma podía ayudar a facilitar la realización de proyectos. Abrimos por eso, un proyecto llevó al otro y fueron desfilando los diversos directores.

—¿Cómo dirías que incide un productor ejecutivo en el resultado final de una película?

—Un productor ejecutivo es una persona clave en la existencia de una película. Cómo termina incidiendo esa persona depende mucho de quién es ese productor, de quién es el director, de qué tipo de proyecto es. Yo siento que lo que tengo que hacer como productora ejecutiva es poner en bandeja del director todo lo que yo pueda tener al alcance y quizás un poco más para que pueda hacer su mejor película posible. A mí lo que me parece interesante es seguirle la cabeza a cada uno de ellos, no se me cruza decirle «yo a estos actores no los veo» o «estas locaciones» o «este director de arte». Para nada, creo que lo interesante es seguirle la cabeza, y cuando uno decide producir un proyecto comprás todo el paquete. Quizá hay productores que quieren meterse más, y quizá hay directores que necesitan que los productores se metan. Yo trato de meterme lo mínimo posible, me interesa disfrutar de ese talento que tienen los directores y los técnicos. No elijo una película para tener una incidencia artística en lo que es la historia o en la película en sí. Me gusta el desafío de hacer que una película exista.

—En su momento llamó la atención el éxito de La sociedad de la nieve, un documental que llevó mucha más gente al cine de lo esperable ¿En qué crees que se basó este éxito?

—Hubo tres cosas que ayudaron a que la película tuviera un suceso interesante: una es que la película está buenísima, creo que es un gran documental. Después hay un tema con la historia en sí: la tragedia de los Andes pegó fuerte alrededor del mundo pero obviamente pegó acá en el Uruguay, entonces la presencia de los sobrevivientes y de sus familias ayudó mucho. Y me parece que, humildemente, hicimos un muy buen trabajo de distribución; los exhibidores la cuidaron y el público respondió.

—Originalmente la película se llamaba Vengo de un avión que cayó en las montañas

—Sí. Ya se había estrenado afuera y cuando vino ya tenía ese nombre, había afiches, estaba todo el arte pronto con ese nombre. Arijón tenía un acuerdo con Pablo Vierci, que en ese momento había hecho la recopilación de las entrevistas y había editado el libro con el nombre La sociedad de la nieve. Nos pareció que podía ser un ejercicio interesante sacar un libro y una película al mismo tiempo y juntar fuerzas con la editorial y hacer la promoción en conjunto. Yo creo que eso fue determinante para cambiar el nombre.

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—¿Tuviste mucha expectativa con Artigas, La Redota?

—Sí, porque era César Charlone, porque era la historia de Artigas, era una película de época, una superproducción para lo que estamos acostumbrados nosotros respecto a la producción uruguaya…

—¿Esas expectativas se cumplieron?

—Yo creo que sí, quizás siempre quedás con ganás de más. Las cosas te llevan mucho trabajo y uno termina queriendo tanto a los proyectos que te comparás con todas las demás películas que están en cartelera y te parece que podrías vender más de lo que vendiste, pero quedé contenta con la cifra, la gente respondió y la película tuvo su vida.

—Fue muy impactante la campaña publicitaria de Reus (Pablo Fernández, Alejandro Pi, Eduardo Piñero, 2011), que salió a las calles mucho tiempo antes del estreno, con graffitis y carteles…¿rinde hacer con tanta anticipación ese trabajo?

—Sí, yo creo que todo suma y todo rinde. Vos vas al cine hoy y ves películas hollywoodenses que se estrenan en octubre, noviembre de este año ¿Por qué nosotros no podemos hacer todo de antemano? El problema es que el mercado uruguayo es muy chico, entonces todos los esfuerzos que hagas van a ser exagerados con respecto a los resultados que vos saques de la taquilla finalmente. Ayuda a crear como un rumor alrededor de la película, con Reus había algo en el aire, se sentía que se venía algo Y así le fue, muy bien. Pero creo que todo suma, soy de la teoría de que las películas tienen que tener un trabajo de distribución de al menos cuatro meses antes. Reus fue una peli que se distribuyó muy bien, fue Salado en asociación con Buen Cine.

—¿Qué los llevó a producir Relocos y repasados (Manuel Facal, 2013)?

Maximiliano Contenti le acercó el guión a Cali y le pidió que lo leyera. Le gustó mucho, me dijo que le resultaba interesante producirla y me lo dio para que le diera mi opinión. Me llevé el guión a unas vacaciones, lo leí y en ningún momento dudé. Creo que es un guión buenísimo, me divirtió mucho, era algo muy diferente a lo que había producido hasta ahora, además de que el guión estaba muy bien escrito me pareció muy interesante el proyecto en sí. Me parece que Manuel es un tipo muy talentoso, pero además una persona muy interesante para producir, con mucha riqueza interior. Estrenamos y nos fue muy bien, estamos muy contentos así que creo que fue una buena opción.

—¿Podrías describir tu estrategia para difundir una película?

—Depende de la película. Lo primero que hago es intentar tener claro cuál es el público. Me parece muy importante no pensar que la película es para todo tipo de audiencia, para todo tipo y color de edad, nivel socioeconómico. Me parece importante establecer una dirección de dónde está tu público y después trabajar para eso. Creo que es lo más importante de todo, hay que trabajar con muchísima anticipación, los trailers tienen que estar en el cine mínimo cuatro meses antes, hoy por hoy todo lo que es el Community management: Facebook, Youtube, Twitter, todo lo que es Social Media hay que trabajarlo muchísimo, creo que hay que tener cuidado en el afiche, en la presentación de las fotos que uno elige para mandar a la prensa, hay que cuidar la gacetilla de prensa para los periodistas, me parece que está bueno hablar con los directores de qué tipo de cosas está bueno que digan y qué otras no. Hay que ponerle cabeza a todo.

—¿Qué peso tiene el boca a boca?

—Es muy importante, pero solo existe si la película es buena. Aunque tengas una buena difusión y una nueva gestión de prensa, trailers, afiches y lo que sea, si la película no gusta, no va a funcionar.

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—¿Qué tipo de políticas culturales harían falta para fomentar la producción nacional?

—No sé qué políticas harían falta…creo que hoy el ICAU (Instituto del Cine y Audiovisual) está muy cerca de lo que es el Ministerio de Educación y Cultura. A mí personalmente me gustaría que además de estar cerca del Ministerio de Cultura, se empiece a acercar al Ministerio de Industria. Quiero vivir del cine, quiero ir al supermercado y comprar las cosas para mi casa con la plata que me dan las películas. Quiero que esto sea una industria, quiero acercarme al Ministerio de Industria y que nos vean como tal. Es un sector que está creciendo y tiene mucho para dar, desde la Ley de Cine a esta parte se han hecho cosas muy importantes en nuestro país. En un montón de países, inclusive de la región, se considera al sector cinematográfico como un sector de la industria más. Quizás podría haber apoyos además de los nacionales de los departamentales: hoy por hoy las políticas del sector que vienen desde la dirección de cultura de la Intendencia de Montevideo son muy interesantes. Las Intendencias de Maldonado y Colonia quizá deberían empezar a hacer lo mismo. Algunos apoyos para el sector que sean departamentales.

—En Salado, ¿podemos hablar de cine subsidiado por la publicidad?

—No. Depende de las películas, hay películas a las que Salado ha ayudado mucho no es que las haya subsidiado, pero la producción ha aportado económicamente plata a riesgo total. Lo que tiene Salado es una «espalda» que aminora el riesgo del flujo de caja. Vos tenés fondos y tenés entregas de los fondos, ponéle que el 40% te lo entregan al principio, el 20% al cabo de un tiempo y así. Salado ha ayudado mucho en eso de adelantar ese dinero que todavía no llegó, y claro, por supuesto que se produce en estas mismas oficinas, se usan los espacios y la gente que trabaja acá, la administración, la parte de postproducción, las salas, el estudio de audio; quizá no ha subsidiado en cash pero sí en especias. El hecho de tener oficinas afuera del país también ha ayudado un montón para las coproducciones, en Argentina hemos usado las instalaciones de allá como oficinas. Salado aporta toda su infraestructura.

—¿Entonces no han tenido películas que hayan dado pérdidas?

Te diría que La cáscara, que fue la primera. Pero fue un tema que Salado dijo «yo quiero invertir en esta película». No quisimos esperar a que la película ganara todos los fondos y decidimos producirla nosotros, con fondos de afuera y fondos de coproducción, pero fue la única película en la que Salado invirtió plata, y sí, por supuesto que no recuperamos. Las películas no terminan de recuperar. Si uno tuviera que devolver la plata de los fondos, pagar todos los dólares que entran en la cuenta para producir, sería muy difícil que alguna pudiera recuperar ese dinero.

—¿Cómo medir las posibilidades de éxito comercial de una película antes de que haya sido rodada?

—Es imposible. O yo no sé cómo hacerlo. Nadie sabe, ni los exhibidores: a veces les pedís que te hagan una previsión de lo que puede llegar a vender y nadie tiene demasiada idea. Es parte del riesgo de la industria, si todos supiéramos de antemano lo que va a rendir una película sería todo mucho más fácil y no sería un sector tan riesgoso como dicen que es. Creo que los gustos, el consumo del espectador están cambiando, es una pena enorme que en este país no haya análisis de mercado. Me encantaría saber, más allá de cuántos espectadores hay por año, cuántas veces va un mismo espectador a la sala, qué tipo de películas va a ver, ¿va siempre a la misma sala o va buscando una película específica? Me parece que faltan estudios de mercado, yo no sé si los exhibidores tienen esa información, me parecería bueno que el ICAU pudiera tener esos números, porque en parte nos ayudaría a nosotros a empezar a pensar de esa manera. Si uno no sabe cómo se maneja el mercado entonces no tiene la más remota idea de qué performance va a tener una película.