GUSTAVO HERNÁNDEZ

Una forma de dar miedo

  • Texto: Diego Faraone
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  • Fotos: Agustín Acevedo Kanopa
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  • Video:Santiago Olivera
  • Nombre: Gustavo Hernández.
  • Profesión: Director, productor.
  • Filmografía: 'La casa muda' (2010), 'Adicciones TV' (2011), 'Dios local' (2014).
  • Referentes: Hay varios directores que me gustan, casi siempre muy clásicos: Martin Scorsese, Charles Chaplin, Stanley Kubrick,
  • Proyectos: 'Dios local' (estreno previsto para 2014), y estoy trabajando en una tragicomedia que espero terminar para fin de año: 'La tortuga gigante' se llama, es una road movie con un toque fantástico parecido al 'El gran pez'.

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Las piernas de Gustavo Hernández se agitan debajo del escritorio mientras contesta estas preguntas. Es un tipo inquieto que le teme a los murciélagos, un dato pintoresco cuando se trata de un director de cine que quiere dedicarse a filmar películas de terror en un país donde los acercamientos a este género fueron un experimento satírico o amateur. Hernández se lo toma en serio. Abrió el camino con La casa muda (2010) que, como primer paso, lo llevó al Festival de Cine de Cannes. El resto de la historia se publicó en los diarios: venta del film a decenas de territorios, estrenos en salas de cine de todo el mundo, una remake hecha en Hollywood.  Por estos días su segundo film, Dios local, se estrena en el Fantastic Fest en Texas y, promete su director, los gritos se triplicarán. También caerán autos del cielo. Nada mal para una cinematografía local que empieza a diversificar sus historias. Dios local se rodó dentro de una mina de oro que se conserva en Lavalleja, húmeda, oscura y repleta de murciélagos. 

—¿Cuál es el cine que más te gusta?

Tengo un gusto bastante variado, puedo disfrutar tanto de una tragicomedia como de una película de aventura, va de acuerdo a la calidad de la película, pero no tengo un género favorito sino que el cine en su conjunto me puede llegar a conmover o a provocar distintas sensaciones.

¿Y tus directores predilectos?

Por ejemplo Martin Scorsese es un cineasta que me parece que tiene una filmografía increíble y todavía sigue teniendo nervio, como si fuera un adolescente. Te nombro a Scorsese porque siento que también estoy alineado con el espíritu de sus películas, ya que mantienen a un gran público pero sin perder el toque artístico. Sin ser películas pochocleras, invitan a millones de personas a verlas y tienen mucha personalidad a nivel de lenguaje y calidad de historia.

¿Ese es el rumbo que te gustaría seguir?

Ojalá algún día yo pudiera hacer una película que fuera el 10% de una película de Scorsese. Hay que tener un talento enorme. Pero yo más bien sigo lo que me nace: ahora estoy dirigiendo una película de género y al mismo tiempo estoy escribiendo una tragicomedia, entonces no me encasillo en un género, me gusta la diversidad, creo que es lo que enriquece.

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Dentro del cine de terror, ¿te va más el terror psicológico o el gore?

Me genera más miedo y me tensiona mucho más el terror psicológico. La casa muda apunta a eso, y Dios local a miedos más internos –prácticamente no hay ni una gota de sangre– genera un clima, mucha tensión. A mí como espectador eso es lo que me pone más nervioso, cuando estoy mirando y estoy involucrado con los personajes, me gustan esos momentos en que quiero bajar la mirada y no seguir viendo por la incomodidad. Ese sentimiento yo lo busco y es lo que más me gusta.

¿Te gusta el cine asiático de terror?

Sí. Hubo un momento en que el cine francés de terror estuvo en la vanguardia, después el asiático, hace unos años unas películas latinas agarraron mucha fuerza en festivales. Películas mexicanas, también argentinas. El género en cada continente está teniendo cada vez más peso y más voz. La casa muda se estrenó en el Festival de Cannes junto a otra película también de género que era Somos lo que hay (Jorge Michel Grau, 2010), una película increíble, mexicana, sobre canibalismo.

Entonces, además de que hay un mejor recibimiento al género, ¿también existe una mutación en su forma?

A las salas no llega todo el buen cine de terror y obviamente como hay una cantidad tremenda, pero se fue refinando, hay cineastas que han redefinido el género hasta llegar a híbridos increíbles como la película sueca Let the right one in (Tomas Alfredson, 2008), una gran película que reinventa el género, aún tratándose de vampiros. Aunque no te guste el terror esa película te va a gustar.

Hasta La casa muda todo el cine de terror concebido en Uruguay había sido muy amateur, pero en tu caso se dio que hiciste una película con seriedad y de forma profesional ¿Qué dirías que facilitó este salto?

Lo primero que facilitó las cosas es que la película se hizo con un presupuesto mínimo, en cuatro días de rodaje. Tiene características bastante llamativas. Lo que no es tan increíble es que todos los integrantes del equipo técnico estemos trabajando hace muchos años en el medio audiovisual en forma profesional. No es que nos juntemos un grupo de amigos con ganas y sin mucha idea, es decir, no era sólo fervor o fiebre por una película sino que había atrás mucho conocimiento técnico. Hicimos la primera película en América Latina y la segunda película en el mundo en grabar con una cámara de fotos, una 5D. Eso porque nosotros empezamos a estudiar de qué forma podíamos hacer esta película bajando costos, por las características de la cámara no había que invertir dinero en luces, al mismo tiempo era muy práctica para moverla con facilidad. Nada de esto fue una casualidad, lo investigamos. Entonces toda la parte técnica, desde la fotografía, la dirección de arte, la música, está compuesta por gente que es de lo mejor que hay en el medio uruguayo. El fotógrafo, Pedro Luque estuvo viviendo en Los Ángeles y ya ha fotografiado películas allá. Hernán González, también musicaliza películas en Brasil y Argentina. Son de los mejores jefes de área.

Estudiaste en la ECU ¿Conociste a tus compañeros de equipo ahí?

Sí y en la ECU casi un 80% de todo lo que hice lo fotografió Pedro. Incluso había ejercicios de dirección en los que nos invertimos: yo hice la fotografía y él dirigía. Nos venimos conociendo desde hace muchísimos años, como un cuadro de fútbol. Eso facilita mucho el trabajo porque dentro del esquema de producción ya sabemos hacia dónde queremos ir y cómo lo queremos hacer. Nosotros trabajamos con un equipo muy reducido, no son los esquemas de producción acostumbrados a las películas uruguayas.

Trabajamos con el 25% del equipo técnico y el 5% del presupuesto de una película uruguaya. Tener un equipo así nos facilita mucho las cosas, nos permite movernos con mayor fluidez. Esta fluidez a su vez nos da espacio para experimentar en muchos de los casos. Creo que con estas películas estamos jugando y también nos estamos arriesgando, que es lo que más me seduce como realizador.

¿Cuántas personas tienen normalmente en un rodaje?

Seremos unas 10 personas. Un director de arte y su asistente, un sonidista, el camarógrafo, el director de foto, los actores. En algunas escenas en particular tenemos que mover más gente, pero en general nuestros equipos se conforman así.

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¿Cómo largarse a hacer una filmación tan ambiciosa como La casa muda? ¿No tenían miedo a fracasar?

Miedo siempre tenés, pero al contrario, lo veíamos como un desafío, casi como un juego. La verdad es que nunca nos imaginamos que pasaría lo que pasó, no teníamos tantas expectativas, en realidad pensábamos proyectarla en Cinemateca y mostrársela a nuestra familia. Pero después pasó que terminó en una remake norteamericana, la primera y única que se hizo de una película uruguaya. Fue vendida a más de 30 países.

¿El cine de terror viaja mejor al extranjero?

La película debe ser buena, porque los compradores lo primero que hacen es ver la película. Nunca se compra a ciegas, se piensa en sus virtudes y en su posibilidad de entrar en el mercado. El producto que vos tenés que hacer tiene que ser atractivo. La casa muda tenía un atractivo en particular: es una película latina, en una sola toma, de género. A priori ya tenían algo para vender que era novedoso. Pero después que la vieron notaron que generaba climas, que había otros factores que fortalecían la película. Por eso se empieza a vender tan bien, la compra HBO, I-Sat; cine, televisión, plataformas on line.

¿Cómo explicás que la Asociación de Críticos de Cine del Uruguay le haya dado un premio al montaje de La casa muda?

Es extraño. Yo fui a recibir ese premio y lo que dije en ese momento es que me imagino que es un premio al «montaje en vivo», a la coreografía tremenda que tuvimos que hacer, a nivel actoral y del equipo técnico. Entonces me imagino que se premió eso. No es que le encuentre mucha explicación, pero igual lo agradezco.

Dios local fue filmada en una mina de oro cerca de Minas ¿Podés adelantarnos algo del argumento?

Es un trío de muchachos que tiene una banda. Graban un disco de sólo tres canciones; cada una de esas canciones habla de los miedos, los traumas, las tragedias de cada uno de sus componentes.Van a grabar toda la parte audiovisual a unas minas abandonadas, y descubren algo ahí que desata que tengan que revivir todos esos miedos y traumas. La película se divide por track, son tres historias que se entremezclan y terminan con un desenlace muy curioso.

Nosotros siempre decimos que en el cine de género lo primero que hay que hacer es asustar. Creo que aquí esto se logra, hay buenas sorpresas y climas. Y para lo que es el medio uruguayo es muy distinta. Es una película que además se financió del bolsillo nuestro, igual que La casa muda aunque esta es más ambiciosa.

¿Qué es exactamente el «dios local»?

Hay una vieja leyenda que dice que los conquistadores españoles cuando llegaron a América venían con un ídolo tremendo, un dios, y con ellos sometían a los diferentes pueblos diciéndoles que ese dios que ellos traían era superior y que iba a matar a su dios. De esta forma atemorizaban a los nativos y hasta el día de hoy en las minas de Perú y de Bolivia se mantiene esa tradición. Entonces hay pequeños ídolos dentro de las cuevas. Hay una frase que dice: «Dios reina arriba, el demonio reina abajo». Ellos hacen ofrendas para que puedan salir todos los días con vida. A partir de esa leyenda, empezó a nacer este «dios local».

¿O sea que tomaron una leyenda que en realidad es de otros países y la trajeron acá?

Sí.

¿Pero el guión ya lo hicieron sabiendo de antemano acerca de la mina de oro en la que filmaron?

Lo primero fue la historia y el guión. Recién después empezamos a hacer el scouting de lo que son las minas acá en Uruguay. El jefe de scouting (Jean-Paul Gaucher), de producción, es muy experimentado y ya filmó prácticamente en todo el Uruguay, entonces le decís que precisás una mina y te dice todas las posiblidades.

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¿Y la mina cumplió con tus expectativas?

Sí, era como un pequeño estudio, por la acústica, por cómo se daban las luces y las sombras sobre las paredes dinamitadas. Estaba increíble, una vez adentro perdías la noción del tiempo, entrábamos con la luz del día y salíamos en la noche. No sabías cuánto tiempo habías estado filmando ahí adentro. La única forma de darte cuenta de la hora era por los murciélagos que cuando cae la noche empiezan a salir. Al octavo día de rodaje yo ya me estaba enloqueciendo, era bastante claustrofóbico. Había túneles muy reducidos y la mina es enorme y laberíntica, nosotros no llegamos a explorarla toda. De hecho hay algunas zonas a las que no se puede pasar, porque es peligroso: hay lagunas, desniveles. Nosotros andábamos siempre de casco y seguíamos las luces que eran las que señalaban los túneles seguros, porque en la oscuridad es fácil perderse.

Siempre llegaba un momento del rodaje en el que empezabas a sentirte mal, incómodo. Pero nos venía bárbaro para la historia y para los climas que queríamos generar, así que nos la bancamos y se la bancaron sobre todo los actores, que tuvieron que correr, gritar ahí adentro. Cuando te internabas en el corazón de la mina, cuando te alejabas de la civilización el clima se ponía más tenso, pero además una de mis fobias que tengo son precisamente los murciélagos, y había muchos nidos. De repente pasaba una bandada y nos teníamos que agachar, porque te pasan muy cerca.

También supe que van a llover autos.

La película tiene un toque onírico y fantástico, entonces hay un accidente en la historia. Cuando se están reviviendo esos momentos, hay una escena que tiene una lluvia literal de autos, que caen del cielo.

¿Y cómo hicieron para filmarlo?

Básicamente, tiramos autos. No hay nada que sea 3D, es todo orgánico. Llevamos una grúa y tiramos los autos de a uno, pero después compusimos en el montaje, de modo que los multiplicamos y parecen muchos más.

¿Cómo consiguieron autos que pudieran tirarse?

Los compramos en un cementerio de autos. Esa escena fue muy compleja, la hicimos en el Parque Lecocq y obviamente se requirió más gente de la que te decía para orquestarla. Y aparte está filmada de una forma muy despojada de la técnica, no está filmada para que los autos luzcan de una forma maravillosa, sino más bien en un registro casi documental. Te cuento que cuando terminamos de hacer el corte de la película, elegimos cuatro distribuidores mundiales para que la vieran, para ver si se interesaban. La mostramos y los cuatro ofertaron al día siguiente. Los cuatro nos dijeron que había varias escenas que les llamaba mucho la atención, que nunca lo habían visto, y no sólo la de la lluvia de autos.

¿Se conjuga lo onírico con lo documental?

Hay varias partes en las que los personajes pasan por un momento en que la realidad se vuelve irracional. Hay momentos de climas oníricos. Es más, hay una mitología, un paralelismo con la historia de Dédalo e Ícaro. Pasan cosas mágicas, fantásticas, pero al mismo tiempo muy terrenales, muy vívidas. Están jugando no solamente en sus cabezas, son cosas que les pasan y que sienten en el cuerpo, les están pasando, están sangrando.

A partir de Dios local fundaste una productora nueva, Madre Superiora ¿Qué orientación quieren darle?

Básicamente queremos refugiar todos esos proyectos que a nosotros nos interesan porque tienen un riesgo. Siento que el cine uruguayo cada vez toma menos riesgos. Y yo quiero ir por la contraria, siento que en el cine el director y la producción tienen que arriesgarse. Dios local y La casa muda, tienen un toque experimental tremendo. Creo que cuando vos le das una novedad a la gente, la gente lo agradece. Madre Superiora apunta a proyectos de género: ya sea terror, fantástico, policial, pero que tengan algún elemento novedoso.

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¿Están abiertos a producir guiones ajenos?

Estamos abiertos a todos los proyectos que nos quieran acercar y que nosotros veamos que son interesantes. Nosotros ya tenemos armado un esquema de producción y un esquema internacional de ventas y contactos afuera, esa red de contactos queremos poder utilizarla para producir nuevos proyectos uruguayos.

Pareciera que te gusta encarar a los rodajes como auténticos desafíos, con premisas difíciles que alcanzar…

Sí. Este rodaje lo hicimos en doce días. Es una película de noventa minutos. El promedio de una película uruguaya son ocho semanas. Lo hicimos en dos semanas sin perder calidad técnica, lo que nos facilita esto es el trabajo previo y el esquema de rodaje, nos facilita mucho las cosas, incluso la cuota de improvisación. Yo por ejemplo nunca le doy el guión a los actores. Con los actores trabajamos los personajes y los objetivos de las escena, y a partir de eso ensayamos improvisando. El guión existe pero cuando precisamos algo muy puntual es que les damos las líneas, pero me gusta elaborar junto a los actores.

Yo veo que el cine uruguayo cada vez corre menos riesgos. No hay interés en el público, y eso se está notando por las cifras de taquilla. Se nota que hay una cuota del cine uruguayo que no tiene sorpresa. Cuando voy a ver una película con mi mujer tengo que dejar a mi niño de tres años con alguien, es todo una movida, entonces cuando hay una salida tengo que ir a la segura, y la segura es no ir a ver cine uruguayo. Duele decirlo pero es así. Se ha perdido interés, la sorpresa. Hay conformismo, comodidad. Y lo peor de todo es que se ha perdido cinematografía. No solamente la forma está vacía, sino también el contenido. El público se cansó de eso. Lo más importante para mí es la diversidad. El cine uruguayo no puede estar enfrascado solamente en un casillero. Ese que tenemos tiene que seguir estando, pero hay que agregarle otro y otro.

¿El cine de género le da fuerza al cine de autor?

Siento que el cine autoral ahora es una mentira. Es un falso cine, no hay un cine de autor realmente. Falta cinematografía en ese cine…

Lo que normalmente se criticaría al cine de género, es decir, eso de reproducir siempre los mismos esquemas, es aplicable al cine de autor, ¿opinás?

Se reproducen los esquemas y se debilita el cine. Pero esto no es de ahora, esto viene ya desde hace muchos años. Hubo un esquema exitoso que se copió y se debilitó hasta que el público dijo «ya está». No es que la gente no esté yendo al cine, es que la gente no está yendo al cine a ver ciertas películas uruguayas. Había un público cautivo que iba a ver ese tipo de cine y ya no va. Yo lo veo como una señal. Creo que las autoridades tendrían que hacer algo y ver en qué se está fallando. Ese dinero que se da a los cineastas desde los fondos es parte del bolsillo de cada uruguayo. Si un uruguayo da dinero para producir, por lo menos que se lo devuelvan con una película que le interese.