FEDERICO CAPRA

Las horas de vuelo

  • Texto: Martín Cajal
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  • Fotos: Bernadette Laitano
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  • Video:Santiago Olivera
  • Nombre: Federico Capra.
  • Profesión: Director de arte.
  • Filmografía: 'Estrella del sur' (ficción, Luis Nieto, 2002), 'La casa muda' (ficción, Gustavo Hernández, 2010), 'Adicciones' (serie de TV, varios, 2011), 'Relocos y repasados' (ficción, Manuel Facal, 2012, próximo estreno), ‘El ingeniero’ (ficción, Diego Arsuaga, 2012).
  • Referentes: Dante Ferretti y Tom Bowyer.
  • Proyectos: 'Dios Local' (ficción, Gustavo Hernández, 2013, post-producción), ‘La peste’ (corto, Guillermo Carbonell, 2013).

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Director de arte de películas de género realizadas recientemente, Federico Capra trabajó en la comedia Relocos y repasados (Manuel Facal) y en La casa muda, el promocionado largo del director Gustavo Hernández, quien volvió a convocarlo para el arte de Dios local, otra de terror y de próximo estreno. También incursionó en televisión, generando la estética de la serie Adicciones junto a Rodrigo Borda. Al igual que varios cineastas uruguayos, Capra labura además en publicidad, aunque sin prejuicios y sin ningún drama para reconocer que le gusta y explicar porqué.

—¿Hace cuánto sos director de arte?

 —La primera vez que hice dirección de arte fue de un videoclip, cuando era estudiante, en 2002. Trabajo y vivo como director de arte desde finales de 2003.

 —¿Fue a partir de alguna película en especial?

 —Empecé como director de arte pago en publicidad. Yo trabajo en ficción y también mucho en publicidad. Me gusta, entonces parte de mi tiempo lo dedico a hacer publicidad.

 —Contame un poco sobre tu formación en este rubro.

 —Hoy por hoy existen opciones de carrera en las cuales hay una formación de arte, en mi época no había, los directores de arte se formaban filmando. Por lo general ingresás en un área y hacés el recorrido, como ayudante, asistente, segundo asistente…Si bien soy Licenciado en Comunicación y estudié Dirección de Arte en la Escuela de Cine,  yo me formé en rodajes. No tengo un título de director de arte. Creo que el director de arte se forma filmando cierta cantidad de horas.

—¿Qué tareas incluye la dirección de arte de una película? ¿Qué aspectos te encargás de dirigir?

 —Básicamente me encargo de todo lo que hace a la estética, todo lo que comprende a la imagen, salvando el aspecto humano-actoral de los personajes…

 —En ese sentido, ¿en qué se diferencia, por ejemplo, del director de fotografía?

 —Siempre hay una visión o un mundo que tiene el director, que quiere contar. El director de foto se va a encargar de capturar el mundo que yo proponga para que suceda la acción. El arte tiene una función de describir el mundo ese que vamos a filmar y el de expresar determinados sentimientos, sensaciones. El director de foto va a capturar todo eso que nosotros queremos describir y expresar.

—Para el armado artístico de un personaje, de una escena, de un lugar, o para generar determinada ambientación, ¿qué elementos te sirven o solés tener en cuenta para ese trabajo?

 —Cambia mucho en función de los proyectos y en función de qué tipo de cosa estás filmando; si es algo de género o más costumbrista. Quizá tenga que ver con mi formación como comunicador, pero yo he trabajado haciendo terror y no puedo evitar pensar no solo en mí cuando hago un diseño de imagen.

Estoy pensando también que hago cine para gente que consume ese cine, que sabe mucho de cine y que está esperando determinados códigos. Para mí el receptor de un diseño cinematográfico también vale, entre otras cosas, ¿no? Soy mucho de trabajar en equipo, me gusta mucho trabajar de cerca con el director, el fotógrafo…

—¿Con qué otros rubros o personas necesitás estar más en contacto para realizar tu laburo?

—En este trabajo aprendés que con cuantas más áreas te lleves y estés en una misma sintonía mejor va a ser el resultado. Si bien reconozco que soy una persona difícil para trabajar, trato de llevarme muy bien o que todo el mundo comprenda lo que  yo quiero plasmar en el arte de la película. Que lo sepa el fotógrafo de memoria y estemos de acuerdo, que lo sepa el director de memoria y estemos de acuerdo, que lo sepa producción, que lo sepa el locacionista, la maquilladora, el peluquero; que lo sepan todos. Creo que ahí es cuando tenés una coherencia estética, cuando el fruto de lo que hacés tiene cierta coherencia.

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—Con la vestuarista Caro Duré trabajaron en Relocos y repasados (Manuel Facal, 2013), en La casa muda (Gustavo Hernández, 2010) y en la serie de tevé Adicciones (varios, 2011), ¿cómo encaran el laburo conjunto?

 —Con Caro empezamos a trabajar en La casa muda. Lo bueno, primero, es que me conoce hace muchos años y sabe cómo trabajo. Nos sacamos mucho la cabeza, entonces partimos de una propuesta y va y viene, va y viene, nos devolvemos. Permite que las cosas crezcan. Ella tiene una manera de trabajar donde escucha y propone. Tenemos muy buena química y cuando estamos definiendo a los personajes siempre tenemos a una persona de referencia a la cual remitirnos.

La que tiene el punto de partida, generalmente, es Caro, quien viene con una primera propuesta y ahí empieza un peloteo sobre cómo sentimos los personajes. A partir de una reunión que tenemos primero con el director, se genera un intercambio entre dirección, vestuario y arte, de donde va a surgir el personaje final. Caro empieza por su lado a proponer y lo llevamos en paralelo ella y yo hasta tener algo final y ahí es cuando se devuelve a dirección el diseño final. Yo además me meto mucho en vestuario, realmente me gusta y siento que me falta una pata si no lo trabajo con ella. Y lo bueno es que a Caro le gusta trabajar en equipo conmigo, creo yo…

Hemos trabajado muchas horas, Adicciones fue largo, y esas películas, si bien fueron rodajes cortos, fueron muy intensas a nivel de trabajo y convivencia. Y seguimos trabajando, porque trabajamos también en publicidad.

—Además de tu trabajo en televisión y cine laburaste en varias publicidades. Hoy en día en Uruguay, ¿el cineasta puede independizarse de la publicidad?

 —No sé. Yo no me independizo de la publicidad porque me gusta hacer publicidad. O sea, está genial vivir del cine pero creo que si tuviera que elegir seguiría viviendo de los dos. La publicidad tiene esa inmediatez en los procesos, por lo general de 15 días, que es como un break en un proceso de preproducción de una película, que te puede llevar seis meses en donde estás en una rosca. Puede ser un break, yo lo siento así trabajar en publicidad. Y además trabajás a veces para un director que vive en otro país y que no voy a ver nunca más en la vida. No sé, me parece que tiene ventajas.

 Hay mucha gente que trabaja en el cine que es muy despectiva respecto al trabajo en publicidad; yo no, a mí me gusta, lo disfruto. Tiene sus contras, como todo, ¿no? La inmediatez de ese proceso requiere altos niveles de estrés, mucho dinero de por medio, en muy poco tiempo… Pero bueno, a mí me gusta filmar y la publicidad te permite filmar.

Es cierto que preferiría hacer, durante un año una serie, o en seis años una saga de películas. Sí, preferiría. Pero creo que en algún momento haría también un poco de publicidad.

—Y el hecho de hacer publicidades, ¿pensás que puede incidir en tu laburo en cine, o…?

—Y yo creo que incide sí, para bien y para mal. Para bien, primero que nada, porque te permite horas de rodaje y de diseño y de probarte a vos mismo y también cosas nuevas. A veces en publicidad convencés a un montón de gente de probar algo que sería imposible probar en una ficción.

—Eso mismo me decía Pedro Luque…

—Sí, con Pedro compartimos ciertas visiones. La publicidad te permite probar en poco tiempo cosas que no vas a poder someter al cine. Capaz que en otro momento sí, pero el cine actual no podés someterlo a una prueba que implique determinado dinero. Yo en publicidad filmé con la (cámara) ALEXA muchas veces; en ficción todavía no. Entonces yo ya sé cómo responde determinada cámara, determinado fotógrafo, al arte, a los colores, a lo que sea, gracias a la publicidad. Eso es positivo.

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Quizá el aspecto negativo pueda ser que te pueda interrumpir un proceso creativo el hacer publicidad. O que te acostumbres a hacer publicidad y no dediques un tiempo a la creación que requiere la ficción. Pero para mí es como ser piloto, son horas de vuelo y es mejor tenerlas.

—Hace poco estuviste con Dios local (Gustavo Hernández, postproducción), ¿qué te pidieron, cómo fue tu trabajo ahí?

 —Es la segunda película de terror que hago con Gustavo Hernández. Como siempre, sus propuestas son extremas, raras e innovadoras. Él tenía un guión para filmar en muy pocos días y nos contactó a Pedro (Luque), con el que trabaja siempre, y a mí, que ya habíamos trabajado en Adicciones y en La casa muda. Y bueno, la idea fue hacer como en La casa muda, ya empezar a cubrir juntos todo el proceso. Incluso hicimos visitas de locaciones y otras cosas y el guión todavía no estaba terminado…

Gustavo tiene mucho de eso, de terminar de redondear el guión y la historia ya trabajando con los técnicos, con los cabezas de equipo. Lo mismo pasó en La casa muda, empezamos a ver locaciones y a discutir el guión pero no fue a guión cerrado sino que súper abierto. Surgieron escenas nuevas o distintas cosas a partir de devoluciones tanto de Pedro, como de su asistente de dirección, de arte, o de Caro (Duré) incluso.

—Por lo general, como director de arte, ¿qué participación e incidencia tenés durante el proceso de hacer una película?

—Incidir puede incidir en todo o en nada. Aunque creo que tiene un deber de incidir en todos los aspectos que tengan que ver con la imagen: las locaciones, las atmósferas, incluso en la narración en cierto sentido. Tiene el deber de proponer para que el director de foto capture no sólo un ambiente o una decoración, sino una vida, una atmósfera, colores…

—En Relocos y repasados, ¿cómo fue tu participación? ¿Cómo laburaste el arte en esa película?

 —Relocos y repasados es una comedia de enredos. Yo nunca había hecho comedia. Sí me he reído en los sets, pero de cosas ajenas a lo que está pasando, en Relocos…era difícil no reírse de las actuaciones, de lo que pasaba. Me encantó, pero obviamente que con Caro tuvimos otro desafío. Veníamos de hacer terror y una ficción bastante dura como era Adicciones, a hacer una comedia de enredos y adolescente. La propuesta estética es otra, totalmente. Son otros los colores, los ambientes, la luz, la narración y es otro el lenguaje. En ese momento filmar comedia fue un placer. Veníamos de filmar cantegriles o gente llorando y gritando y bueno, fue como un aire.

—Cuando hiciste el arte de La casa muda, ¿viste otras películas del mismo género, o preferís laburar sin tener en cuenta muchas referencias?

—Yo miro películas de terror pero no soy de saber tal película, de tal año, de tal director. Pero sí soy consumidor de películas de terror y me gustan los códigos. Hay cosas que tienen que pasar en una película de terror y tienen que estar, tienen que estar porque el que va al cine quiere ver eso, está esperando ver eso. No me refiero a los clichés, sino que hay determinados elementos que para mí tienen que tener las películas de terror.

—Por ejemplo, ¿a qué te referís?

—A la opresión de determinados ambientes, a lo lúgubre, a los sobresaltos, a determinado nivel de sangre…Cosas que no se aplican para la comedia ni cosas de la comedia que se aplican para ese tipo de ficción.

El que va a ver una película de terror cuando hay sangre quiere ver sangre, no un poco de sangre como se puede ver en un policial. No: quiere ver sangre y tiene que haber sangre, no puede ser sangre intermedia. O generalmente, quiere que le sugieran una silueta y no ver a la persona parada, ese tipo de cosas.

—En Adicciones hiciste la dirección de arte, ¿de cuántos capítulos? ¿Cómo fue esa experiencia?

—Fue una dirección de arte conjunta con Rodrigo Borda. Hicimos la dirección de arte conjunta de todos los capítulos, él se perdió un par, pero fue un trabajo de los dos. La experiencia fue nuevísima. Primero que Adicciones fue un proceso largo, bastante extremo. Si bien teníamos un presupuesto acotado, era la primera vez que yo trabajaba con un director de arte en el mismo plano y estuvo buenísimo. Adicciones lo miro y me gusta.

—¿Con qué diferencias te encontraste en relación al trabajo que realizás en cine? ¿La dirección de arte en televisión difiere mucho de lo que es en cine?

—La propuesta de Adicciones era que fuera lo más cinematográfica posible. A la vez, al principio, no íbamos a tener mucho tiempo entre un capítulo y otro. Después terminamos teniendo el tiempo suficiente como para dedicarle a generar cada capítulo. Si bien no es cine, siempre la propuesta de los directores fue bastante más cinematográfica que televisiva. Y nosotros lo tomamos así. Pero siempre teniendo en claro que era para que lo viera mi tía en la tele…

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—¿Te gustaría dirigir, realizar una película, alguna vez te lo planteaste?

—…He dirigido algunas cosas menores, videoclips, videoarte y otras cosas y me lo han planteado, pero me parece que no. No estoy preparado para eso, no estoy formado como para tanto. No tengo nada que aportar al cine como director. Yo no estoy haciendo un proceso para ser director, no me lo planteo ni creo que pueda.

—Referentes o directores de arte que te parezcan buenos…

—No, prefiero que no. No tengo un director de arte de referencia. Me gustan un montón, me gusta mucho el italiano que hizo la dirección de arte de El nombre de la rosa (Jean-Jacques Annaud, 1986). A mí me gustan películas, creer que la gente retiene el nombre del director de arte…

—Pero vos, que laburás de eso, capaz que alguno te gusta más que otro…

—No, ni vestuarista, ni editor, ni nada. Yo miro cine y no voy buscando lo que me gusta, soy bastante amplio.