Desde hace ocho meses Adriana González dirige el Instituto del Cine y Audiovisual del Uruguay (ICAU). Su vinculación comenzó en el 2006, como coordinadora local de Doctv Latinoamérica. Dos años después, una vez que se creó el ICAU, comenzó a desempeñarse como coordinadora de áreas del Instituto, lugar que ocupó hasta que se le propuso relevar a Martín Papich.

—¿Qué implicó para tí aceptar este puesto?

—Es un gran desafío, sobre todo porque no era algo que tuviera previsto. Yo siempre trabajé en otra línea de gestión, más en un segundo plano, más de producción. Ante la ida de Martín (Papich) surgió la oportunidad y lo pensé. Cuando vivimos el momento de transición me pareció importante comprender que había que continuar con algunas cosas pero también avanzar sobre lo construido. Me sentí cómoda en ese lugar. Pero lo recibí extrañada, por el rol que implica para mi perfil. Hoy estoy muy contenta y entusiasmada.

—Te tocó un período lleno de cambios, el pasaje al cine digital, a la televisión digital. También la creación del Servicio de Comunicación Audiovisual Nacional, ¿en qué beneficia al ICAU esta novedad?

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—Es una unidad ejecutora. Por ejemplo, la Dirección Nacional de Cultura es una unidad ejecutora, esto es de corte administrativo pero tiene una lógica política y de servicio de comunicación audiovisual. Lo que se busca es fortalecer los medios audiovisuales en la parte de su gestión gubernamental. Nosotros desde el ICAU entendemos que hay un retroalimento de las partes, sobre todo en el caso del Instituto y TNU. Nosotros ya trabajamos con TNU, incluso este canal participa en el Fondo de fomento. Hay cosas que nos son comunes y que hoy por hoy están desperdigadas en distintas instituciones. Creo que esta unidad va a permitir la mejora de la utilización de los recursos.

—Trabajar juntos, digamos.

—Trabajar juntos, exactamente. Con una proyección de trabajar en común temas estratégicos y construir estrategias comunes.

—La medida que se tomó en TNU, de generar un concurso para seleccionar qué programas de producción asociada continuarían al aire, ¿surge de esta mesa de trabajo?

—No. Surge de la visión que tiene el canal de hacer sus cambios en la programación y en la gestión del canal. Este es un decreto que surgió a fin de año. No hubo un pienso en común todavía. Cada institucionalidad tiene sus objetivos y sus competencias, eso no se va a perder. Cada institución tiene sus presupuestos, se trata de complementar y potenciar.

—En el momento en que asumiste te hicieron una entrevista en Presidencia y mencionaste la importancia de un proyecto que surge de la administración anterior: la Red de circulación de contenidos audiovisuales ¿Qué avances hay en esta iniciativa?

—Este proyecto surge de la cooperación de la Unión Europea con el Mercosur, con el organismo que se llama Recam, que es la unión de autoridades de cine del Mercosur. Data de 2007, cuando se ingresó una ficha en la Unión Europea, los trámites son muy arduos de acuerdo a cómo se implementan y cómo se articulan los cuatro países para un proyecto de estas características. No es solo la Red, también hay algo que tiene que ver con capacitación, legislación comparada y patrimonio. Nos estamos focalizando en la Red porque Uruguay tiene el desafío de ser sede y responsable de la unidad de gestión de esa programadora regional.

La cooperación europea vino a inyectar la parte de equipamiento para las 30 salas. Cinco de ellas estarán en Uruguay. Hoy por hoy estamos esperando los equipos. Hay muchos trámites entre la Unión Europea con Argentina, temas del seguro… podemos estimar que llegarán en julio a Uruguay.

Fue designado Fernando Epstein como director de la programadora y director consultor que está en esta etapa inicial. Estamos avanzando en lo que podemos sin tener la Red física. Empezar a proponer la programación de estas salas, para presentar ante la Recam, porque lo que hace la programadora es proponer a las autoridades de cine de la región -a la que se incorporó Venezuela como socio pleno-, y a partir de junio tenemos la reunión de autoridades en Uruguay y ahí vamos a tener un avance quizás en propuesta de programación. El segundo semestre va a ser de prueba error, de que todo funcione para que la Red funcione. Una vez que esté funcionando se lanzaría la programación.

—¿Esas exhibiciones serán gratuitas?

—No. En realidad el modelo para esta Red busca que sea sustentable. Hay una inyección de la Unión Europea y del Mercosur y lo que busca esto es que sea viable para los productores, los dueños de las salas… esto no tiene como objetivo ser financiado eternamente por el Estado. Sin duda el Estado no va a dejar parado el proyecto pero se busca que haya un modelo sostenible entre las salas y la programadora. Va a ser un modelo progresivo donde el apoyo de los Estados se irá retirando paulatinamente.

—¿En qué salas va a funcionar la Red?

—La Red va a funcionar en salas existentes, no se crean salas de la nada. Para seleccionar esas salas se tuvo en cuenta su gestión y un montón de detalles, porque si la gestión de la sala no asume el compromiso de esa Red no tiene sentido. No se trata de hacer algo que esté separado de la realidad. Por un lado el equipamiento nuevo es un aliciente para la sala, porque no se le cobra. Después habrá una negociación sobre la programación con cada una.

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—¿Podría verse como un estilo de cuota de pantalla?

—No… Entiendo que no. Es un modelo alternativo que va a convivir con el otro. Nosotros no les vamos a pedir que no exhiban determinado contenido, es un acuerdo de partes: yo te doy equipamiento y te doy esta posibilidad de programación, programación a la que no tenés acceso. Hay un convenio de partes y ellos tendrán que cumplir con él, ahí se va a estipular cuál es el mínimo de programación de la Red que tendrán que proyectar como contrapartida por el equipamiento. Estamos hablando de salas que de pronto no exhiben todos los días, cuatro de las cinco pantallas van a funcionar en el interior del país; sabemos cuáles son las dificultades que existen, la demanda real que hay de la exhibición de otro tipo de cine. No lo entiendo como una cuota pantalla, yo lo entiendo como un modelo que convive.

—Hablando de modelos sustentables, ¿qué responsabilidad crees que tiene el ICAU con instituciones como la Cinemateca o el Cine Universitario?

—Particularmente con Cinemateca, si bien es una institución privada, como institución que tiene un acervo, el instituto tiene una responsabilidad en su competencia, por mandato de ley, con el tema de la preservación del contenido (además de promover la exhibición y otros objetivos). Con ambas instituciones tenemos buenas relaciones. Tratamos de acompañar los procesos. Entendemos que en el caso de Cinemateca, que está pasando por un proceso difícil, además de que pueda haber un apoyo económico no solo del instituto sino del ministerio, una cosa que quizás sea más intangible pero igual de importante es el acompañamiento y el poder dar soporte a las cosas que en el momento esa institución está necesitando. Sin duda que esas instituciones son muy importantes en nuestro audiovisual, hay desafíos que afrontan cada una de ellas, pero el instituto con la ley tiene potestades y limitaciones. Por ejemplo a Cinemateca anualmente se la apoya en la realización de sus festivales, pero ellos concursan por ese apoyo, lo que me parece valioso. No es que se da dinero porque sí. Hay otras aéreas en que sí sucede, que se acordó con Cinemateca dar un apoyo para preservar su acervo.

Ahora estamos haciendo un inventario de las películas nacionales que están en su archivo y en el Archivo Nacional de la Imagen, tratando de empezar a atender ese punto neurálgico que es el material nuestro en los acervos. Estamos tratando de responder a la responsabilidad que entendemos que tenemos.

—¿Se prevé alguna inversión en el cuidado de ese patrimonio?

—En principio lo que estamos haciendo, que nos parece fundamental, es saber exactamente cuál es el material y en qué situación está. Y tenemos algunas ideas que todavía no están maduras como para comentarlas, pero estamos viendo posibilidades de cómo va a ser el segundo paso.

—Justamente leí un artículo de la EGEDA que menciona que la televisión digital podría servir para conservar este patrimonio, supongo que generando una demanda de su difusión y por lo tanto estimulando a su cuidado y recuperación.

—Sí, en realidad ahí hay un tema de cómo vos llevás esos materiales a los formatos. Hay todo un camino para recorrer. Es un camino lento pero entendemos que hay que ir haciéndolo. Empezamos en enero el inventario. Además creo que institucionalmente entusiasma, el que todo lo que vamos haciendo nos va agregando valor. Incluso en el caso de Cinemateca, que tiene un montón de problemas, creo que es bueno ir dando ingredientes chiquitos pero que empiecen a alimentar y entusiasmar, como puede ser su función en el Festival de Cine de Punta del Este.

Hay varias cosas, una es una inyección de dinero, otras son cosas de gestión y otras no tienen que ver con la plata, como estar acompañando, ver qué se necesita: estar cerca. Siempre es más fácil acercarse a las instituciones que les va bárbaro y no es así. Cinemateca, como todas las institucionalidades, pasa por buenos y malos momentos.

—Viendo los proyectos que aplicaron a los últimos fondos, es abismal la diferencia: cinco ficciones se postularon a Montevideo Filma, dos a Montevideo Socio Audiovisual, 30 a la primera convocatoria del Fondo de fomento, ¿esta concentración preocupa de alguna manera?

—A Montevideo Filma aplican los proyectos cuando van a filmar, cuando ya están prontos para el rodaje. Montevideo Socio Audiovisual es para finalización. Trabajamos complementariamente, por eso no son comparables, la idea es la complementariedad en los fondos, por eso ves eso, un escenario donde cada proyecto se presenta para distintas cosas, por eso en realidad no es que haya más proyectos en el Fondo de fomento: no hay tantos para rodar o para terminar. De los 30 que piensan filmar el año que viene terminan filmando 10, y esos 10 pasan a Montevideo Filma, ahí está la diferencia.

—El año pasado Asoprod elaboró un informe donde comentaba la coexistencia de diferentes generaciones de cineastas compitiendo por un mismo fondo como el de Fomento, que es el más importante en cuanto a prestigio para conseguir co-productores, y monetariamente, ¿Te parece que sería conveniente generar distintas líneas?

—Nosotros de hecho lo hicimos. Eso se resuelve con más plata, estamos de acuerdo, hoy por hoy necesitamos más plata para el Fondo de fomento, eso es seguro, igual que es seguro que hoy por hoy no la vamos a tener. En realidad estamos administrando la escasez. Ahora que ya existimos, ya tenemos una ley, existe un Instituto, más o menos está consolidado un fondo que funciona, ahora entendemos que tenemos que profundizar con respecto al alcance nacional del Instituto. Este año tenemos una línea para productores y directores que vienen del interior del país, ahí hicimos un diferencial, y en realidad lo de ópera prima también lo tenemos. Es más, el plan es acordado con Asoprod y anualmente lo hablamos y estamos muy en contacto. Son pocos los premios como para diferenciarlos. Vos podés tener más premios de poco presupuesto y otros de alto presupuesto, es una cosa que tenemos que analizar, mi duda es si es conveniente hacerlo con la poca plata que tenemos. Pero me parece bien, a priori, habiendo dinero diría, dejo todo esto como está y pongo otras líneas que sean para nuevísimos realizadores. O pongo otra línea de más dinero para los que tienen más de dos o tres largos.

Pero para eso tenés que tener margen. Nuestro fondo es de 25 millones de pesos anuales. En estos cuatro años para lo que es desarrollo y producción, y todo lo que es hasta la exhibición, suman unos 67 millones de pesos. No queda mucho afuera de eso: muestras y festivales, unos 8 millones de pesos que se destinan a la promoción en el exterior. Si ves nuestro fondo hoy por hoy ves clarito que el gran porcentaje va para desarrollo y producción.

Las cosas que vamos innovando a veces tienen que ver con socios que vienen, como el Ministerio de Industria, que vino el año pasado y nos dijo que tenía un fondo para televisión, porque se viene la TV digital, y bueno lo incorporamos a nuestro fondo y tratamos de innovar. Por ejemplo para el Fondo de desarrollo, que es en la segunda mitad del año, para televisión vamos a agregar un tutor a los proyectos que están en desarrollo, porque entendemos que cuando ganan el desarrollo les falta ese seguimiento como tutores. En definitiva, las innovaciones las vamos haciendo sobre todo con otros socios.

Para mí sería muy importante invertir más en lo que sería la comunicación de los proyectos, soy de la idea de que está bárbara la producción pero también es verdad que como Estado y fondo público tenemos la responsabilidad de que esas películas lleguen a la gente y de que la gente las quiera ver. Hay todo un camino en donde se debería invertir en comunicación. Todo el resto de la cuestión la estamos haciendo a fuerza de gestión: sí, implica dinero, pero lo podés resolver con socios.

—Varios países latinoamericanos como Chile y Colombia están desarrollando una Nueva Ley de Cine, con cambios que proponen cuotas de pantalla y medidas para proteger la continuidad de exhibición de películas locales en salas, ¿Te parece que es necesario en el escenario uruguayo modernizar esta Ley?

—Hay mucho terreno para trabajar antes de la cuota, a mí entender. Venimos trabajando con los exhibidores por distintos temas y hay un real esfuerzo de todo el sector. Creo que hay un tema de maduración general, del ICAU, del sector productivo, de los distribuidores y exhibidores. Creo que estamos en un momento en el que tenemos que seguir profundizando nuestro relacionamiento y el de la actividad audiovisual. Hoy si me decís cuota, así cuota por cuota, no me convence, aunque me encantaría. Pero en la realidad que tienen los exhibidores y los distribuidores…a ver, si rindiera todos la querríamos, ¿no? Hay que encontrar caminos que vayan llevando para ese lugar como la Red o invertir más en la comunicación de proyectos.

Comparado con la ausencia total, el Fondo de fomento es algo buenísimo, pero la verdad es que financia un porcentaje ínfimo. Recién estamos empezando, el camino es muy largo y nuestro diario del lunes son los países de la región, que producen 60, 80, 100 películas por año, con una inversión del Estado muy grande. No me gustaría que en el Uruguay pasara que solamente se produce mucho. Que se produzca y que se vea. No es un problema que se resuelva entre productores y exhibidores, hay una cuestión que es más general, de un camino que hay que hacer en conjunto, por ejemplo generando otros públicos, como lo que sucede con «Los escolares van al cine».

—Y volvemos al tema de la TV digital, porque tengo entendido que las televisoras tendrán que empezar a pagar unos cánones que podrían invertirse en el sector cinematográfico, y además la televisión podría convertirse de una vez por todas en una pantalla para el cine nacional.

—Sin duda que la oportunidad de que haya más señales va a implicar más pantallas. También eso implica más desafíos para la producción y ahí volvemos a la maduración. Más que el soporte es el contenido el problema. Entiendo que tenemos que producir más y mejores contenidos audiovisuales para las pantallas que el escenario nos brinde. Porque está la televisión digital pero hay gente que ya ni pasa por la televisión, se va a internet directamente. La TV digital y la multiplicación de pantallas van a significar un desafío o una amenaza, un problema o una oportunidad. Depende de cómo nos comportemos como sector.

Yo proyecto trabajar fuerte hacia el final del período en una revisión de la Ley, creo que la Ley tiene que tomar oxígeno de la realidad. Sería una muy buena señal que una Ley del 2008 en el 2014 esté pensando cómo moverse. Para eso hay que trabajar bastante, porque nosotros no hemos llegado aún a cumplir con algunos cometidos de la Ley, no nos ha dado el tiempo. Creo que trabajar sobre los contenidos y la difusión de esos contenidos para la comunidad es lo más importante. Y hacer que para los hacedores este sea un trabajo digno. No es fácil, son muchas metas.

—Son cambios grandes. El mismo informe de la EGEDA plantea que estas innovaciones obligarán a un cambio de modelo: un financiamiento que pase del corto al largo plazo, con fondos de garantía y sociedades de garantía, la generación de un mercado de crédito. Empezar a contemplar seriamente a internet. Este mundo se nos viene arriba en dos años, fecha que estipuló para el pasaje a lo digital.

—En realidad en el mundo ya pasa, ya es cercano. Netflix por ejemplo ya produce series y es un proveedor de contenidos de internet, HBO también, ya hay muchos cruces que se van dando. Lo de las sociedades de garantías está bien, está en bandeja para trabajar, ya empezamos a hablarlo con casas financieras. Hay un montón de instrumentos que se manejan en el mundo y de los cuales tenemos que ver cuáles son favorables para nosotros, porque nuestra realidad siempre es distinta a la del resto, por nuestra escala, nuestra historia. Esa distancia es la que ayuda a definir si hay cuota o no, sociedades de garantía o no. También es la inversión pública que se pueda hacer en el audiovisual en este momento, cómo está financiada la Ley de Cine porque en otros países surge del sector privado.

Lo que tratamos de impulsar en la mesa estratégica del sector audiovisual, donde están los sub-sectores del audiovisual, es pensar estos temas en común y ver qué debe hacer cada uno; hay cosas que las pueden hacer las instituciones y cosas que tienen que hacer sí o sí los privados.

—Desde tu punto de vista, ¿es más complejo hoy para los realizadores conseguir co-productores?

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—El problema no es co-producir, se puede hacer a nivel de empresas. Lo que te da una co-producción es un marco formal para la aplicación a fondos, entonces la realidad es que lo que más se usa a nivel latinoamericano es el Convenio de Integración Iberoamericano de Co-producción: la atracción fuerte es Ibermedia. No lo visualizo como problema, ni siquiera está demandado. En los hechos hay otros problemas, del tema del mercado real. No es tanto por los acuerdos. Tenemos excelentes relaciones, nos encontramos con muchas autoridades de otros países, Uruguay tiene buena salud en sus relaciones. Por eso no lo visualizo como un problema.

—Con respecto a la educación, si bien hay una variable pública (que funciona en el interior), estudiar cine es una carrera cara ¿El Instituto de Cine tendría que involucrarse en esta faceta?

—Si me preguntás en esta gestión cuáles son las líneas sobre las que quiero trabajar, básicamente son tres: comunicación, apropiación de toda la política que a nivel nacional hace el Instituto y el tema de formación. Creo que el Instituto tiene que mejorar las condiciones existentes, ¿de qué manera? Ahora estamos tratando de sistematizar la oferta y la demanda. La oferta es fácil porque es un relevamiento, la demanda ya es más difícil porque ahí es muy necesario el sector privado. En este punto debemos considerar al sector en su gran diversidad: publicidad, video juegos, animación, cine. Estamos analizando los proveedores de servicios: dónde me está faltando gente cuando hay zafra. Vamos a encarar en breve una mesa de formación donde tengamos representados a las instituciones de formación para empezar a trabajar más coordinadamente, y ver dónde hay ausencias o la formación más débil. Hemos hablado con la UTU por el tema de acreditación de saberes: se trata de acreditar saberes de gente que viene ejerciendo en un área desde hace mucho tiempo pero no tiene un título, bueno, dárselo. Por otro lado, muchos rubros del audiovisual se cruzan con oficios clásicos, maquillaje, peluquería, electricista… Entonces queremos que los cursos contemplen en su preparación al área cinematográfica. Otra cuestión: fortalecer la enseñanza del inglés. A veces no se trata de crear carreras sino de fortalecer las existentes. Es algo que trabajaremos entre todos.